Tercer aniversario.

-Buenos días, señorita. ¿En qué la puedo ayudar?

-Buen día. Quisiera ver las maletas que venden.

-Claro, ¿alguna marca o estilo en particular que le interese?

-Que sea de cuero. Debe de estar hecha de cuero, forzosamente.

-Ok, pues mire, tenemos éstas… son modelos ya muy antiguos, eso sí. Ya casi no se usan.

-No importa, son resistentes y el material es el indicado. Estoy celebrando un tercer aniversario, ¿sabe? Llevo tres años en una relación amarga y profunda. Amarga de mi lado y profunda… del mío, igual.

-¿De verdad?

-Sí… la ausencia amarga los recuerdos, pero lo profundo del amor ahí queda. Cada año compro un regalo según la tradición: primer año papel, segundo año algodón, tercer año cuero. Por eso la maleta.

-Ya entiendo… entonces, es un regalo.

-Pues sí, aunque es difícil poderle regalar algo.

-No le gustan los regalos.

-No, no es eso… ella está muy lejos. No la veo porque está muy lejos.

-Ah, comprendo. Bueno, si gusta hay una empresa de envíos por paquetería en la esquina.

-Gracias, pero no lo necesito. Siempre que compro regalos me los quedo yo. Es difícil que le lleguen.

La vendedora analizó cuidadosamente la expresión de tristeza en mi rostro. Se sintió conmovida.

-Ya, ya, tranquila -dijo mientras ponía su mano en mi hombro- Le aseguro que ella también la recuerda.

-¿Usted cree?, considerando lo lejos que está y el tiempo que ha pasado…

-Sí, de verdad. De seguro también es importante para ella.

-Pues tengo la sensación de que soy la única que la recuerda. Muchos la idolatran, muchos la aman también (aunque los que viven con ella se quejen habitualmente). Es que no creo que nadie entienda lo importante y especial que fue en mi vida. Siempre estoy buscando la forma de volver a verla.

-¿Qué tan lejos está?

Le sonreí.

-¿Alguna vez ha ido a Buenos Aires?

-¡Buenos Aires!, uy, es lejísimos. Me imagino que ella vive ahí.

-Ella ES Buenos Aires.

-Ya… me imagino que es una chica muy argentina, ¿no?, muy orgullosa de su tierra.

Error. Esta vez lo dejé pasar. A veces tengo problemas explicando lo que es estar enamorada de una ciudad (¿o más bien será que estoy enamorada de un momento de mi vida?)

-Sí… una chica argentina… ajá.

-Bueno, de seguro una de éstas maletas le va a gustar. Si le interesan las antigüedades y lo vintage, creo que puede ser el regalo perfecto.

-A ella le interesan los atardeceres. La belleza de la vieja arquitectura. Un tango al anochecer. El placer de un mate recién preparado. Le gusta el ruido y el ajetreo. Es dinámica y puede destruirte si no tienes cuidado. Le abre la puerta tanto a gente buena como a gente mala. Parece que el tiempo se detuvo en ella, no envejece, sólo agrega unos toques de modernidad aquí y allá.

“Es vanidosa, por tener rasgos europeos se cree la más linda. Le da alas a los soñadores y obstáculos a los realistas. Sabe de cultura, deportes y entretenimiento. Lo mismo te ofrece unas medialunas calientitas en la mañana o una pizza por las tardes. Te invita a caminar sin rumbo fijo, pensando, imaginando. Las primeras semanas te promete todo, sientes que respiras libertad y que te ayudará a arreglar tus problemas, no importa los que sean. Después de unos meses o la amas o la odias, no hay punto medio. Todas las pasiones viven en ella, y una vez que la conoces se quedan contigo para no abandonarte jamás”

Hubo una pausa larga. La vendedora volvió a mirarme, no muy segura de qué decir.

-Déme ésa, la de las bolsas a los costados, por favor. Es grande. La voy a llenar de nostalgia.

-¿De qué, perdón?

-De nostalgia. Todas las fotografías, cartas, boletos de viaje, envoltorios, notas, apuntes y promesas de regresar… voy a guardar todo eso en la maleta. Y cuando la vuelva a ver, se la voy a llevar para que sepa que no la he olvidado.

La vendedora no dijo nada. Me dio la maleta, la pagué y salí de la tienda rumbo a la transitada calle.

Hacía algo de frío y el sol estaba a punto de ocultarse.

La La Las puertas de decisiones.

-No, no hay spoilers de La La Land. Si no la has visto, la verás con una nueva perspectiva. Si ya la viste, podrás estar de acuerdo o no conmigo. Gracias por su atención-

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El mame de “la-película-bonita-donde-bailan-y-cantan” empezó desde hace rato. Adoro las películas y cuando comencé a leer las primeras reacciones donde calificaban a La La Land como una obra maestra, me emocioné mucho. Pude verla el fin de semana pasado y… (ya sé que acá me lloverán jitomatazos) no me gustó. Se me hizo laaarga como la Cuaresma (me estaba durmiendo durante toda la primera hora), sin embargo, no voy a ser tan cruel como para dejar que una película que tuvo el atrevimiento de ser “diferente” entre todas las demás se ahogue en el mar de mi veneno: más bien quiero escribir por qué me dejó con una nada bonita y muy interesante angustia existencial, misma que en mi opinión y dejando de lado la música, es lo más valioso de esta cinta.

Para mi, La La Land no es una bonita película de amor. No es una cinta homenaje a la ciudad de Los Angeles ni al jazz. No es un filme que nos ayuda a escapar de la triste realidad en la que estamos. No es una fuente de inspiración para no dejar de soñar. Críticos de cine mucho más expertos y cultos que yo en todo el mundo la han categorizado así, pero su verdadero valor me quedó clarito como el agua:

La La Land es una película que habla sobre la importancia de tomar decisiones. Decisiones que te cambian la vida.

Vamos a quitarle los colores brillantes, los pasos de baile, todo lo asquerosamente cursi que puede llegar a ser, la cara de gato desnutrido de Emma Stone, el hecho de que hayan puesto A CANTAR(!!!) a un actor que sí está galán pero que evidentemente NO canta, de que ambos actores estén nominados al Oscar cuando sus interpretaciones no lo merecían… olvidémonos de todo eso.

La premisa más importante de esta película es la disyuntiva moral entre la decisión de quedarte con el amor de tu vida o conseguir el éxito profesional. No es una cinta que invite al debate filosófico ni al drama, ni una que te deje sin dormir por las noches porque simplemente no puedes procesar el dilema interno que despertó en ti. Evidentemente fue diseñada con el propósito de entretener y conmover (objetivo mínimo que debería perseguir una película), pero pensemos en esta idea por un momento y rescatémosla de entre all that jazz: La La Land es una película sobre las consecuencias de tomar decisiones y que entre canciones bonitas te enseña la cruda verdad: hay sueños que no se cumplen. 

Vamos directamente al dilema: imaginen que están frente a dos puertas cerradas. Si deciden entrar en la puerta número 1, vivirán el resto de sus días con el amor de su vida. Podrán casarse, tener chamacos, formar una linda familia y morir agarrándole la mano a esa persona especial. Será el amor más grande, sincero, fiel y hermoso que hayan experimentado. En esta vida, sin embargo, habrá problemas económicos: puede que tengan que trabajar hasta doble turno con tal de pagar sus deudas o llegar a fin de mes. Lo que adquieran siempre será con una deuda enorme a pagos forzados, porque la estabilidad económica no llegará. También díganle adiós a realizar su sueño profesional o ser respetados en su trabajo. Siempre serán “uno más”.

Si deciden entrar en la puerta número 2, vivirán el resto de sus días con un éxito profesional absoluto. Serán millonarios: olvídense de carencias materiales, de sufrir por dinero, de cuentas vencidas y deudas que jamás podrán pagar. Su estabilidad económica está asegurada. Serán famosos y respetados en el campo profesional que ustedes elijan. Podrán tener amantes y amores pasajeros que únicamente los busquen por interés, pero morirán completamente solos, sin familia porque nunca conocieron a alguien que valiera la pena, convencidos que el verdadero amor no llegó y nunca fueron amados realmente.

¡Ajá! ¡La La Land se pone dramática! Aquí es cuando reflexionamos en todo lo que Damien Chazelle (el director) nos mostró durante 128 minutos y entendemos que más que la historia de dos personas que se enamoraron, es la historia de dos personas que se conocieron antes de abrir una de ésas dos puertas trascendentales… y las consecuencias de haber elegido una sobre la otra. Si la vemos bajo esta nueva luz, por supuesto que es una película más profunda de lo que nos vendieron.

¿Qué puerta elegirían?, ¿qué vida quisieran vivir? La lucha de lo material vs lo emocional es un excelente pretexto para quebrarnos la cabeza y creo que no somos tan conscientes de ello. Todos los días cruzamos “puertas de decisiones”: desde que elegimos lo que nos vamos a poner, hasta que decidimos entre tomar uno u otro camino de regreso a casa al final del día. Cada momento, cada segundo de nuestras vidas estamos tomando decisiones. Por supuesto que unas más trascendentales que otras.

Y éstas dos puertas de las que escribí arriba tienen la característica particular de que no nos damos cuenta que las cruzamos sino hasta el final de nuestras vidas, cuando nos ponemos a reflexionar en nuestro lecho de muerte y nos damos cuenta que tuvimos una vida de éxitos pero terminamos solos, o que construimos una bonita familia aunque no hubiéramos logrado el sueño que teníamos desde que éramos niños. Son las dos puertas más importantes por las que cruzaremos en toda nuestra existencia y sus resultados sólo serán visibles hasta que estemos a punto de cerrar nuestros ojos para siempre.

Ante esta perspectiva, recurrimos a la esperanza: ¿qué pasa con los que soñamos que podemos tener ambas cosas?, ¿cuáles son las consecuencias de querer abrir las dos puertas, aunque por dentro sepamos que no podemos entrar al mismo tiempo en ambas?, ¿y si hay alguien que sí pudo?, ¿y si entramos en una puerta sólo para darnos cuenta que la otra nos llevaba exactamente al mismo lugar?, ¿se puede tener esa suerte?

Bueno, yo creo que sí. No dudo que haya casos de personas que al final de su vida se dieron cuenta que lograron el éxito profesional y al mismo tiempo tuvieron un amor digno y bien correspondido. ¿Lo podemos llamar “suerte”? Tal vez.

No necesariamente un camino tiene que excluir al otro, pero seamos realistas… hay una gran posibilidad de que lleguemos al final de nuestros días dándonos cuenta de que entramos en una puerta y jamás supimos lo que había dentro de la otra.

¿Sólo por eso será una vida desperdiciada? No. Fue una vida y punto.

Aunque… tal vez tengamos suerte.

Tal vez en algún momento de nuestras vidas, el amor y el éxito se miren a los ojos, hagan una tregua… y decidan estar juntos.

 

 

2016.

VETE AL CARAJO, 2016.

No, no me veas así. Disculpa, pero te tienes que acostumbrar… no soy la primera que te lo va a decir. Millones de personas te odian y sinceramente ya quieren que te vayas.

El primer impulso al escribirte esto fue seguir la corriente y ser como las otras personas, maldiciéndote alto y fuerte. Total, para muchos fuiste un año terrible, horrible, espantoso…

Pero deja me enfoco en Dany. El 2016 fue un año que a Dany le dio muchas cosas pero que también se las quitó. Malas noticias económicas, familiares, de salud y en el trabajo me hicieron odiarte un poquito más todos los días. No es que años anteriores no hubieran llegado con su respectiva cuota de dificultades, pero este año o se me acabó la paciencia o de plano no andaba de humor para aguantar tus tonterías.

Y te juro que iba a cerrar esta carta con una nueva maldición y punto final. Ya, se acabó. Adiós. Que venga el 2017 y a ver con qué chingaderas nos sale.

Pero no. Porque cuando empecé a escribir esta carta hace un par de días estaba enojada-frustrada-triste-decepcionada-nostálgica-desanimada, y lógicamente las únicas palabras que salían de mi al responder la pregunta “¿qué le quisieras decir al 2016?” eran puros insultos y palabrotas. Te juro que quería escribir una bonita reflexión al año que se nos va, unas sabias frases donde rescatara todo lo bueno que la vida me había dado y lo brillante que se veía el futuro… pero al comenzar a escribir no encontraba las palabras. No me salían. No tenía cómo decirte “Hey, 2016. No fuiste tan malo”. Más bien te mandé al carajo con mayúsculas y negritas, porque recordé todas las malas noticias, las enfermedades, las pérdidas y te juro que no había forma de encontrar luz entre toda esa mierda.

Hace pocas noches se me fue el sueño a las 3 am y me senté en la cama. Cerré los ojos, respiré profundamente y me puse a llorar. “¿Cómo voy a escribir una entrada cerrando el 2016 sin mentar madres, si todo lo que había planeado no me salió?”

Y entonces recordé palabras mucho más sabias que compartieron conmigo amigos y familiares. Eso me hizo sentir mucho mejor, más tranquila. Me di cuenta que también hubo cosas que no planeé y salieron bien.

“No escupas al cielo que te vas a mojar”. Así que no, no escupiré. Porque después de todo sigo respirando y mi familia está conmigo y tengo cosas que muchas personas quisieran tener. Después de todo… hey, 2016. No fuiste tan malo.

Tú, 2016, me enseñaste que:

-Los cambios de trabajo pueden ser inesperados. Y que aunque la oportunidad tenga fecha de caducidad: “dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no”

-La estabilidad emocional no debe depender ni de tus amigos, ni de tu familia, ni de cuánto dinero tienes, ni de dónde trabajas, ni de cuántas enfermedades has tenido, ni de dónde has vivido, ni de dónde te gustaría estar.

-Los Rolling Stones son la banda viviente más grandiosa del mundo. El concierto sinfónico de Rock en tu Idioma está lleno de chavo-rucos pero se pone genial (y Sabo Romo es la ONDA). Se vale gritar más fuerte que los niños en los conciertos de 31 minutos. Pablo Alborán es muy guapo y canta bien (y ojalá no salga gay). Adele es una REINA.

-Austin, Texas, tiene los mejores atardeceres que he visto en mi vida y el cielo estrellado más bonito. Bogotá, Colombia, es una tierra hermosa y cálida con un brillo dorado que suena a vallenato.

-Antes de viajar a algún lado debo investigar los eventos culturales que sucederán ahí cuando yo vaya. Así, la próxima vez no me voy a perder la oportunidad de conocer a James McAvoy porque sabré con anticipación que el festival de cine de Austin se realizará a pocas cuadras de mi hotel y no tendré que darme de golpes contra la pared el resto de mi vida.

-Debo cuidar más mi alimentación.

-Si no vas a decir nada bueno o que ayude, mejor no digas nada.

-Argentina sigue esperándome y algún día voy a regresar.

-Siempre es bueno tener un Plan B.

-Después de ésta entrada, algunas personas ya comprenden mejor mi amor por Messi (y otras siguen pensando que estoy loca)

-Las cosas no siempre salen como las planeamos. No tenemos nada seguro y que bajo ninguna circunstancia se vale confiar en que lo que tenemos hoy lo vamos a seguir teniendo mañana.

-Shit happens and you can’t control it. The only thing you can control is how you react to it.

“Poder decir adiós, es crecer” como alguna vez cantó Gustavo.

Así que… adiós, 2016.

Adiós… y gracias.

 

Si Adeleita se fuera con otro…

Queridos lectores, como ustedes ya saben, este blog me ha servido tanto como escape emocional como para explorar intentos de fugacidad creativa. A veces comparto cosas personales, opiniones, anécdotas o debrayes muy fumados.

En esta ocasión quiero dedicar unos párrafos a una de las experiencias emocionales más intensas que me han pasado en los últimos meses (se oye exagerado, pero después de dos horas llorando como loca creo que se merece esa etiqueta): el concierto de Adele en la Ciudad de México ayer por la noche.

¡¿CÓMO?! ¿Dany Ren le escribió una entrada en su blog a Adele y no a los Rolling Stones? Pecado y sacrilegio. Destiérrenla de las filas del rock. Sí, ya sé que seguro eso podrían pensar.

No me malinterpreten, el buen rock y mis amados Beatles seguirán viviendo en lo más profundo de mi corazón y me acompañan a todas partes. Lo de anoche fue una descarga emocional muy conmovedora. Tan así que me dieron ganas de compartirla con ustedes. Además, si hubiera escrito lo que sentí cuando vi a los Stones o a Paul McCartney en vivo, seguramente habrían leído algo así:

AJNSLAHBCGUHAGSFCHBAHSJIHIAUS MICK JAGGER AISHDIUAHDOIÑJASOIFJKÑASFNKJ

ALJSGDAUHDUIASHNJFHBVGTAFIYUQIÒREU PAUL MCCARTNEY IAHSDIUAHFIOÀJsòifjais

¿Por qué es tan importante esta mujer y sus canciones para mi? Bueno, les explico. Cuando Adele saltó a la fama y todo mundo empezó a hablar de ella fue justo después del lanzamiento de su segundo disco, 21, a principios del 2011. Yo tenía unos meses que acababa de terminar con mi novio (saludos, Carlos) y oír en la radio “Someone Like You” me ponía histérica. Ya después escuché el disco completo y sorbiéndome los mocos mientras se me escurría el delineador debido a la nada despreciable cantidad de lágrimas que corrían por mis mejillas, pensaba “¡Esto es, lo he encontrado!, ¡encontré a ALGUIEN que sabe exactamente cómo me siento y me entiende y ELLA escribió esto porque pasó por lo mismo y ahora ya tengo con qué llorar! ¡BENDITA SEAS, ADELE!”

21 fue el disco que me “habló” más personalmente, llegó a todo lo profundo de mi ser. Yo pensé que no iba a sobrevivir sin el entonces llamado “amor de mi vida” (no, Carlos, ya no. Ya lo pensé bien, así que no te emociones) y cada una de ésas canciones reflejaba exactamente cómo me sentía.

El año pasado salió 25 (mi edad) y ¡ZAZ! ¡she did it again! Otro disco maravilloso. Y no tanto por decepciones amorosas con las que me pudiera identificar, ya que… bueno…

Pero aún así el disco me llegó, cada una de las canciones tenían algo que me seguía hablando a nivel personal. Nostalgia, esperanza, soledad, despedidas y bienvenidas… escuché 25 completo unas tres veces seguidas. La realidad es que Adele ha escrito una gran parte de las canciones que se han convertido en algo más, en una cuestión personal y hasta íntima. Anoche cantando a todo pulmón (y llorando histéricamente) saqué la frustración, soledad, tristeza y malos ratos que me han desequilibrado emocionalmente. Para mi las canciones de Adele no son éxitos que escucho en la radio, son confesiones personales que una mujer con mil veces más talento que yo escribió por mi sin siquiera saber que existo. Así que ahí lo tienen.

Específicamente hablando del concierto… fue una joya. Esta mujer no es de las que sacan pirotecnia cada tres canciones o hacen frenéticas rutinas de baile (estaría muy difícil lanzar fuego y luces al ritmo de “Someone Like You”) pero con un escenario sencillo (y no menos impresionante) es capaz de transmitir justo lo que el público necesita. Vamos, aunque no te gusten sus canciones creo que no hay una sola razón para que no la admires como intérprete.

LA VOZ DE ESTA MUJER NO TIENE COMPARACIÓN. No empiecen con sus fregaderas de que nunca fui a ver a Whitney Houston, o que no he escuchado en vivo a Mariah Carey o a Celine Dion, neta no empiecen. No se le niega el talento que tiene y sobre todo la intención, porque no solamente se trata de pararte en medio del escenario a cantar. Debes de emocionar a la audiencia e involucrarlos con cada una de las canciones de tu concierto. Y Adele lo hizo.

Si no se emocionan con esto, tienen atole en las venas.

¡Además es la onda! Subió a un fan al escenario, saludó a los que le quedaban cerca (y de paso hizo close-up a la cámara principal para saludar a todos), agradeció sus regalos exclamando “gracias”, decía “MÉXICO” bien pronunciado, nada del chingado “MEXICOU” que me molesta tanto. Admitió ponerse tan nerviosa que tendía a hablar mucho durante sus conciertos, confesó que había una nota tan alta que la hacía eructar, se burló de su peso y sobre todo, genuinamente trató de que nos la pasáramos bien “a pesar de que todas mis canciones son tristes”

Como anécdota final, al término del concierto durante “Rolling in the Deep”, millones de papelitos volaron en el aire. Típico confetti que avientan los artistas para cerrar espectacularmente la noche, eso se hace, nada que no hayamos visto. Uno de esos papelitos cayó directamente en donde yo estaba y lo recogí. Vaya, no sabía que Adele había mandado a imprimir con su letra títulos y frases de sus canciones en todos y cada uno de los papelitos. Y lejos de tocarme algo como “We could have had it all” o “Send my love to your new lover”, el mensaje fue:

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No sé por qué, pero eso me emocionó. De millones de papelitos, entre millones de mensajes, a mi me tocó un HOLA. Curioso.

Así que definitivamente, anoche experimenté un escape emocional bastante necesario y bien recibido que me costó la módica cantidad de $1200 pesos mexicanos. La sesión de terapia colectiva más cara que he pagado, pero valió la pena.

Y si Adeleita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar.

Si por mar en un barco a Inglaterra.

Si por tierra a un concierto para verla cantar.

Historia de una canción

No era fácil estar en París.

Había llegado a la ciudad buscando desesperadamente audiciones en cualquier bar o teatro como cualquier otra joven de mi edad que quiere ser artista. Mi sueño siempre ha sido ser bailarina: el escenario me llama, me envuelve… cuando siento la música en mi cuerpo ya nada más importa.

Una noche vagaba sin rumbo por los bares del boulevard, arrastrando mi maleta. Estaba buscando un lugar decente y barato donde quedarme así que me registré en un sucio hostal y al subir las escaleras para ir a mi cuarto me crucé con él: llevaba un abrigo negro, era alto, fuerte, con el cabello castaño largo recogido en una cola de caballo. Tal vez no hubiera reparado en su presencia si no hubiera chocado conmigo accidentalmente. Al abrirse su abrigo me fijé en la camisa blanca que llevaba puesta, manchada de sangre. Él advirtió mi mirada curiosa, cerró bruscamente su abrigo y salió por la puerta. Desde ese momento supe que no habría forma de olvidar su rostro.

Los días que siguieron a ese evento, estar en París se volvió peligroso. Poco a poco empezaron a llegar advertencias sobre los riesgos de estar deambulando por las noches en la ciudad. Vecinos comenzaron a desaparecer y nadie sabía su paradero. Al hostal llegaban personas con nuevas historias todos los días, afirmando que había una sensación oprimente de peligro en el aire como jamás habían sentido antes. “La mort est dans l’air de la nuit”, decían.

La mort est dans l’air de la nuit.

Al misterioso hombre de la escalera lo encontraba de vez en cuando, siempre por las noches, saliendo del hostal. Sus ojos se fijaban en mi cada vez que pasaba a su lado. Había algo en él tan atrayente… ya era mayor, unos cuarenta años, con andar rápido y cauteloso, como si estuviera cuidándose de algo o alguien. Al salir del hostal siempre hacía la misma rutina: se paraba justo en el centro de la calle cuando había nubes en el cielo y su figura casi se perdía en la oscuridad. Después levantaba la cabeza, parecía que olfateara el aire… y cuando al fin aparecía la luna llena, majestuosa, grande y brillante, él ya había desaparecido. Siempre así.

Una noche de otoño salía de un teatro donde acababa de hacer una audición. Con el creciente peligro y las habladurías de la gente, estar sola por las calles oscuras me ponía algo nerviosa, así que comencé a caminar lo más rápido que pude. Era una noche fresca, aparentemente tranquila, las nubes ocultaban la luna. A punto de llegar al hostal percibí una silueta sentada cerca del río. Sólo una solitaria farola iluminaba el pedazo del puente donde la figura se encontraba.

¿Por qué me acerqué? Bueno, curiosidad, supongo. Hubo algo inexplicable que me atrajo. Al observar con atención vi que era un hombre… específicamente, era el misterioso extraño de mi hostal sentado en la oscuridad de aquel puente, sosteniendo algo que masticaba ruidosamente.

Él sintió mi presencia. Dejó de comer y se quedó muy quieto, mirando al río, esperando que me alejara o que iniciara la conversación.

-Hola… lamento interrumpir. No quería molestarte -me senté con cuidado al lado suyo. 

No me respondió. Se limitó a mirarme un par de segundos para después echar una rápida ojeada al cielo nublado y seguir contemplando el río. Escondió lo que estaba comiendo en el bolsillo interno de su abrigo.

-Una noche muy linda, ¿no lo crees?

Oui… trés belle -respondió con una voz profunda, llena de sarcasmo- No deberías estar aquí. Es peligroso andar sola a esta hora.

-¿Tú crees las historias?, ¿crees que existe un peligro en esta ciudad?

Se tomó un momento antes de responder.

-París está perdida. Un monstruo camina de noche por sus calles. No hay nada que se pueda hacer… así que ten cuidado.

No entendí el significado de aquellas palabras. Lo notaba nervioso pero al mismo tiempo respiraba profundamente, mirando el río, mirándome a mi… y luego al cielo. Siempre al cielo. Parecía que una batalla interna se libraba en el alma de ese hombre.

-Y si París es tan peligroso, ¿qué haces tú de noche solo por las calles? ¿Acaso no temes al monstruo?

Fue la primera y única vez que lo vi sonreír.

-¿Alguna vez has jugado al Siam con un mago?

Conocía el juego, pero eso no tenía nada que ver con mi pregunta.

-Yo jugué una vez … -nuevamente miraba al cielo nublado- Sólo una vez. Aposté ganarle al mago y perdí.

-¿Qué perdiste?

Me miró fijamente durante unos segundos.

-Mi alma.

Aquel misterioso hombre se levantó y me ofreció su mano. “Ven conmigo” susurró.

Entramos al hostal y me llevó a la azotea. El hostal era muy viejo y apenas se mantenía en pie, pero desde ahí arriba se veía prácticamente toda la ciudad.

-La vista aquí te quita el aliento. Jamás había subido.

-Yo sí, casi siempre. Me gusta estar aquí. Hoy será la última vez… me voy del hostal esta misma noche.

-¿Por qué?

Otra vez la misteriosa sonrisa.

-No quiero ponerlos en peligro más tiempo.

-No entiendo lo que dices. ¿Por qué nos pondrías en peligro?

Me tomó de los hombros. Tenía su rostro a escasos centímetros del mío.

-Escúchame, conserva en tu memoria esta advertencia. Jamás vuelvas a salir sola de noche cuando haya luna llena. Si puedes irte de París, mucho mejor. No me gustaría cargar con el peso de tu muerte en mi conciencia… ya hice mucho daño.

Estaba a punto de preguntarle qué quería decir con eso cuando el cielo se despejó un poco y algo de luz de luna se filtró entre las nubes. Como si le hubieran dado una descarga eléctrica, bruscamente me soltó y corrió hacia la escalera que llevaba al interior del hostal.

-¡Espera, no te vayas! -le grité, aunque fue inútil. Desapareció justo cuando el cielo se despejó por completo. Me quedé sin palabras ante la hermosura que me rodeaba: una noche plagada de estrellas con la luz de la luna llena bañando de plata los tejados de París.

La luna llena… ¿por qué la advertencia de aquel hombre sobre la luna?

Me fijé que junto a la puerta había algo tirado en el suelo. Era lo que él estaba comiendo antes de que yo llegara, se le había caído del abrigo durante su rápida huída. Al agacharme para verlo de cerca solté un grito: era una mano humana. Le habían arrancado pedazos de carne a mordidas.

Cuando me recuperé de la horrible impresión, abrí la puerta y bajé lentamente la escalera. Pasé junto al cuarto de aquel extraño y la puerta estaba abierta… no había rastro ni de él ni de sus cosas.

-Tomó su maleta y se largó -me dijo el dueño del hostal- Dejó algunos francos en el mostrador y salió huyendo. Un gars étrange

-¿Cuál era su nombre?

-Denis. Denis Bélanger.

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Ahora, un mes y medio desde aquella ocasión, estoy sentada frente al espejo de un bar en el centro mismo de París, contemplando mi reflejo. Me ofrecieron el papel de bailarina principal en una pequeña unión de artistas itinerantes.

Dos semanas atrás un hombre llegó a la estación de policía extremadamente alterado: presenció cómo una prostituta era devorada por un lobo enorme durante una noche de luna llena. El hombre afirmó que al ocultarse la luna, aquel monstruo se transformó en un ser humano y al verse descubierto huyó corriendo hacia el río. Ésa misma noche se registraron desapariciones de otras personas e inclusive un joven extranjero llegó de urgencia al hospital gritando que un lobo enorme había intentado comerlo cuando salía de un bar cercano a la Torre Eiffel. Falleció pocas horas después a causa de las heridas.

La noticia corrió como pólvora por toda la ciudad y ahora los vecinos se están organizando con antorchas y armas, atentos a cualquier indicio de un lobo merodeando por los callejones.

Los demás artistas y yo nos vamos mañana mismo de la ciudad, pero esta noche toca presentar mi número. Quiero contar con mi danza la historia de una joven que cierta noche fría de otoño fue a contemplar la luna llena junto al monstruo que aterrorizaba a la ciudad:

El lobo-hombre de París.

Somos humanos.

¡Bem-vindo para os Jogos Olímpicos Rio 2016! 

Cuando era niña me encantaba ver los Juegos Olímpicos en la tele. Hasta yo (que la verdad el deporte no se me da NADA) agarraba mis moneditas de chocolate, les pegaba con cinta adhesiva un listón y me las colgaba al cuello pretendiendo que el mundo entero me aclamaba por haber ganado en alguna categoría (las medallas de plata eran más difíciles porque tenía que quitarle el envoltorio al chocolate y ponérselo otra vez pero al revés para que se viera plateada la “medalla”. ¿Tercer lugar?, no gracias. Mis ambiciones eran altas)

Los pasados Juegos Olímpicos de Londres 2012 fueron todo un acontecimiento para mi. Desde la ceremonia inicial que estuvo BUENÍSIMA, seguir los resultados, aquella emoción de escuchar los nombres de aquellos que se convirtieron en leyendas: Usain Bolt, el equipo de baloncesto estadounidense con LeBron y Bryant en sus filas, el sirenito Phelps y cómo no, nuestro flamante equipo de fútbol mexicano que ganaba la medalla de oro. Ah, aquellas viejas épocas.

A pesar de que ahora otras competencias internacionales han conquistado mi corazón (sí, te estoy viendo a ti, Mundial de Fútbol) los Juegos Olímpicos siguen siendo para mi un recordatorio de la increíble capacidad que tenemos los seres humanos para utilizar nuestro cuerpo y lograr cosas impresionantes.

Qué lástima que estos Juegos hayan demostrado también la increíble capacidad que tenemos los mexicanos para jodernos a nosotros mismos.

Seguramente a estas alturas ya han oído hablar del caso de la gimnasta Alexa Moreno. Y si no, acá un resumen:

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Alexa Moreno representó a México en gimnasia (un deporte que la verdad nunca ha sido de los fuertes para mi país, casi NUNCA nos representa alguien): hizo barras, ejercicios de piso, caballo y salto pero desgraciadamente no pudo calificar. Eso no fue lo peor. Lo peor fue que se burlaron de ella etiquetándola con la palabra más ofensiva para una mujer después de “puta”: gorda. ¿Por qué? Por chingar. Únicamente por CHINGAR.

Alexa no es de complexión delgada, no es muy alta: no tiene el estereotipo de “gimnasta” tradicional. Y sólo por eso (como si fuera cosa de risa) salieron mil personas a mofarse de ella de mil maneras diferentes. Memes, críticas y burlas inundaron internet haciendo mofa de esta mujer por su peso.

¿Saben qué? Ya estuvo bueno, cabrones.

He sido testigo de cómo las críticas a tu aspecto físico pueden llegar casi a matar a alguien. Lo he vivido muy de cerca y no le deseo a nadie ese infierno. Ustedes no se imaginan el daño que las burlas por nuestro físico pueden causar. Es ESPANTOSO. No importa si se trata de una chica común y corriente o una deportista profesional: una burla por cómo te ves siempre, SIEMPRE pega. Siempre lastima.

Dejemos de lado la guerra sucia de “mexicanos vs mexicanos”, que por desgracia es una realidad que infecta muchos aspectos de nuestra vida cotidiana: trabajo, escuela, deporte, arte y un largo etcétera. Me parece que esta agresión va más allá de eso. Tampoco traeré a colación el feminismo diciendo que una agresión a una mujer es mil veces peor que la agresión a un hombre porque no creo que sea así. Hay hombres que sufren agresiones por no tener el cuerpo atlético que los medios venden y a ésos casi nadie les presta atención. Vi muchos casos y oí muchos testimonios de chicas (y chicos) que perdieron la fe en sí mismos y pensaron que la vida ya no tenía sentido porque otros se burlaron de su peso y los agredieron. Poder sentir el desgaste de su psique tan de cerca es una experiencia que me hizo replantearme muchas cosas. Pero sobre todo, me reafirmó el hecho tan importante de no minar jamás la dignidad de los demás.

Ésta es una cuestión de respeto.

Alexa Moreno merece respeto simplemente por el hecho de que es un ser humano. ¡Y miren qué ser humano! yo reto a cualquiera de los que se burlaron de ella a hacer uno de ésos saltos mortales. A ver si muy cabrones.

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Tenemos que empezar a valorarnos como personas y entender que NO somos un peso, NO somos una cara bonita. NO somos Likes en Facebook ni seguidores en Instagram.

Somos seres humanos: sueños, metas, logros, esperanza, fuego, vida. Nuestros deseos más profundos no se pueden pesar en kilogramos. 

Lo que tenemos en el corazón y en la cabeza vale un millón de veces más que lo que nos refleja el espejo o la báscula.

Somos humanos. Tratémonos como tales.

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Tú no.

 

Ayer estuve a punto de tirar el vaso de agua que estaba sosteniendo en las manos mientras veía absorta la televisión. Cuando te tocó tirar a ti, Lio, justo a ti, contuve la respiración y mientras veía como ese maldito balón subía y se alejaba de la portería estuve a punto de dejar que ese vaso se estrellara contra el suelo.

No me lo esperaba. Tú tampoco, por supuesto. Y pasó, la ronda de penales continuó y finalmente se proclamó un nuevo campeón de América. Te juro que pensé que ganaba Argentina, era lo lógico y natural. Así es como el mundo debería de funcionar, ¿no?  Dos horas antes cuando apenas se entonaban sus himnos nacionales, te imaginaba levantando la copa, rodeado de tus compañeros de Selección, cobijado del cariño (ganado a golpes) de tus ingratos compatriotas, flashes y cámaras de un lado a otro y la gente asintiendo convencida de que sí, ésta es para Argentina. Así es como el mundo debe de funcionar.

Pero si la vida nos enseña algo es que muchas veces las cosas no salen como las queremos. Como respuesta: la imagen de Argentina en el piso, con lágrimas, con una bronca terrible, sin palabras… todo mientras una marea roja se llenaba de gloria por segundo año consecutivo.

Me dolió. NO es mi Selección, NO es mi país… y sin embargo me dolió. Y no fue la cara de Biglia, ni la del Kun, ni siquiera la mirada perdida de Mascherano lo que hizo que me doliera el pecho como si me acabaran de romper el corazón, fue verte a ti llorando. Eso ya no lo toleré.

Y por si fuera poco… hoy en la mañana leo la noticia de que renuncias. Que tiras la toalla, levantas las manos, mandas a la chingada todo y dices “ya, ya me cansé. Ya no puedo”

Si éste es el momento de reafirmar cosas (porque no es una confesión, todos los que me conocen lo saben): déjame decirte que eres mi ídolo. Tus triunfos en el juego sólo me provocan una cosa: inspiración. Yo decía “si este cuate puede, si este tipo cambia el paradigma, si maravilla al mundo cada que toca un balón… entonces las cosas no están tan mal. Entonces sí puedo, sí quiero. Sí lo voy a intentar”

Lio, tú no estás para saberlo pero tus goles me daban ánimos cuando tenía problemas personales. Que me fue mal en el trabajo, que me peleé con mis papás, que me siento sola, que las cosas no salieron como lo esperaba… no importa. El sábado juega el Barcelona, la próxima semana se viene una competencia internacional con Argentina. Con ver a Messi se me olvida. Y te juro que se me olvidaba. Se me olvidaba todo.

Un ex maestro algún día me escribió en Facebook “haz que Messi se sienta orgulloso de ti”. Y te juro que me esforcé mucho para tener un logro que pudiera contar en una plática imaginaria, en una reunión inventada en donde me preguntaras “che, ¿y cómo va eso?” y yo pudiera decirte “va chingón, chaparrito. Lo logré. Así como tú ganas cosas, yo también”

Has sido una alegría y un deleite absoluto para mi desde hace dos años. Y siempre he agradecido eso.

Sí, lo sé. No tienes la culpa de que una chica mexicana de veintitantos años te idolatrara y se fijara en tus genialidades para tener algo a lo que aspirar. Nunca pediste eso, una disculpa por proyectarme. Pero ya ni modo, así te quiero y así te voy a querer.

Hoy con lágrimas en los ojos dices que ya está, ya fue. No es para ti.

¿Y si te tomas un momento? Piensa mejor las cosas. Descansa, ve a casa. Juega con tus hijos, hazle el amor a tu mujer. Come con tus amigos, ríete con tu familia. Y ya que hayas descansado y estés más tranquilo, ponte esa chingada playera albiceleste, mira hacia el frente y piensa en Rusia. Piensa en irte por la puerta grande de tu Selección. Reúne a los medios y diles “¿saben qué? Sigo. Ya me calmé, ya se me pasó la bronca. Amo jugar al fútbol y eso voy a seguir haciendo, y me voy a morir en la cancha y la gente no lo va a entender pero no me importa. Porque es lo que vine a hacer a este mundo. Y cuando entiendan que el fútbol es un deporte que se juega con once pelotudos y no con uno sólo, entonces hablamos”

Yo espero la renuncia de cualquiera, la tuya no. Inclusive la de los tarados de mi Selección que parece que no aprenden y sin embargo ahí siguen, ellos no dicen que se van. No me hagas esto.

¡No les des lo que quieren!, ¡no renuncies!, ¡no grites que eres un fracaso, que no sirves, que jamás le darás nada a tu país!

Debo aclarar que no estoy defendiendo a los argentinos. No te estoy pidiendo que no renuncies por ellos, que son los que te cuestionan y critican. A ésos sí me dan ganas de que ya no te tengan para que tal vez con un poquito de reflexión (y lógica) te valoren. No lo hago por los argentinos. Lo hago por ti. Porque un grande como tú merece irse por la puerta grande. No quiero que te dejes caer, Lionel. No me falles en eso.

¿Sabes lo que siente que el tipo que admiras se dé por vencido? Jamás me atrevería a decir que eres un cobarde porque entiendo tus razones… yo también he querido tirar la toalla muchas veces… pero me destroza que tengas ese pensamiento derrotista.

Si tú que eres un fenómeno, el mejor del mundo, el que lo cambió todo, se rinde… ¿qué consuelo nos queda a los pobres mortales que tratamos de ser exitosos en nuestras más normales vidas? No señor, yo a usted lo veía allá arriba y bien alto. No me diga que es una decepción, que ya se va y que su corazón no tolera otro fracaso.

Porque escúcheme bien: usted no es un fracaso. Usted es mi héroe. Y déjeme decirle que mis héroes no se dan por vencidos. Mis héroes no se rinden tan fácil. Mis héroes no se desvanecen lentamente en el vacío, porque si algo me enseñan es que el camino de todos es difícil y cuesta, y hay lágrimas y frustraciones y se vale llorar… pero siempre adelante, que para eso estamos aquí. Adelante, y con ganas de seguir intentando hasta que se nos acabe el aliento.

Héroe es el que no se rinde. Héroe es el que se cae mil veces y luego vuelve para dar más, para seguir intentando. ¿Qué chiste tiene seguir vivos si no intentamos? ¿de qué nos sirve seguir con nuestro camino si nos caemos mil veces pero no nos levantamos?

Tú no te rindas, por favor. Porque no tolero a los que se rinden. Porque el “soy un fracaso, no sirvo” es algo que no va contigo. Tú no me dejes con esta tremenda bronca que siento dentro.

Tú no.

Tú no.

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¿Por qué lo fallaste, Lio?

La bronca, la impotencia, el coraje. El dolor de verlo llorando. Porque me dolió, me dolió muchísimo. No es de mi país, no juega para mi selección, ni siquiera es amigo mío o lo conozco como para consolarlo… y aún así me dolió. Porque es la presión de toda una nación sobre sus hombros, son las habladurías de la prensa, son los ingratos argentinos que no tienen otra cosa más que hacer que criticarlo siempre, que echarle la culpa de todo y atreverse a insinuar que no siente la camiseta. Que no sirve. Que no quiere ganar.

Por supuesto que sé que no esto no lo va a leer. Sé que ese hombre no tiene ni la más mínima idea que existo, que toda palabra que pueda decir sobre él no significa nada. Pero mi blog es una extensión de mis pensamientos. Acá puedo expresarme libremente y desahogarme de vez en cuando. Y sí, esto me dolió, pero no quiero que pase sin reiterar mi absoluto respeto y admiración por el hombre del que en estos momentos la prensa, los argentinos y el mundo entero se están burlando.

¿Por qué lo fallaste Lio? Porque eres humano, porque los errores pasan, porque el camino de nadie es fácil… porque nadie es perfecto.

Si el mundo lo critica, si los argentinos lo odian, si la prensa lo destroza… eso no cambia lo que siento por él. No afecta ni lo más mínimo mi adoración y cariño.

Yo te banco a muerte, Messi.

Y cuando me pregunten ¿quién es el mejor del mundo? siempre diré tu nombre. Porque lo siento, porque lo creo. Y eso ningún penal fallado lo va a cambiar.

El mejor del mundo. Siempre.

Se llama Lionel.

Hace unos días el recordatorio de mis recuerdos en Facebook me invitaba a revisar publicaciones pasadas. Al mirar lo que publiqué hace dos años me encontré con esta imagen:

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El principio del fin

¿Saben?, antes de ese día nunca había ido a un partido de fútbol. Nunca. La verdad es que no entendía ni siquiera la ciencia o la diversión de ver a unos individuos corriendo como mensos detrás de un balón. Sin embargo, aquel 4 de junio era especial porque estaba en Buenos Aires, a pocos días de que iniciara el Mundial de Fútbol y el hecho de poder ver a la Selección Nacional de Argentina en vivo antes de probar suerte en Brasil era una oportunidad que simplemente no podía dejar pasar.

El ambiente del estadio, increíble. Estar rodeada de argentinos apoyando a su Selección es una experiencia bastante curiosa (una en donde si no saltas, eres inglés). Y evidentemente los jugadores argentinos (varios de ellos considerados dentro de los mejores del mundo) ofrecen una emoción que parecía que todo el estadio había desaparecido y únicamente quedaran en el campo aquellos chés vestidos de azul.

Ahí lo empecé a buscar con la mirada. Porque, aunque no te guste el fútbol, te suena su nombre y sabes por qué hablan de él. Sabes que tienes que verlo para contárselo a tus hijos algún día.

Y andaba yo recorriendo con la mirada a los futbolistas argentinos cuando de repente, pasó:

Los ojos de todo el estadio estaban puestos en aquel chaparrito vestido de azul que había recibido la alabanza del jugador contrario. De hecho, gran parte del estadio estaba ahí esa noche no solamente para desearle suerte a sus gladiadores en tierras brasileñas, sino también para verlo a él. Para descargar toda la expectativa, sueños y esperanzas de un país entero en sus hombros y después poder exigirle resultados.

Queridos lectores, por exagerado que parezca, ése momento y ése partido en especial cambiaron mi vida. Fue casi como la primer vez que escuché a los Beatles o tomé un libro: son ésos pequeños momentos en donde te nace una afición, qué digo afición, una pasión… un gusto que define parte de tu personalidad e influye invariablemente en tus intereses y decisiones futuras. A partir de ese momento, decidí que dedicaría una importante parte de mi tiempo en investigar más a fondo a aquel individuo narizón y bajito.

Tengo que admitirlo, al inicio una buena parte de mi interés se debió a la atracción física (ahórrense las molestias de repetirme que tengo el gusto perjudicado o que no es precisamente el hombre más guapo del mundo). El rosarino me parece un hombre extremadamente atractivo. Qué se le puede hacer.

Pero ya investigando a fondo, decidida a fijarme en sus logros más que en sus bien formadas piernas, me adentré en su historia… ¡y qué pinche drama! De verdad, como guión de película. El niño superdotado pero enfermo, la familia a la que nadie ayuda,el viaje lejos de su hogar y la decisión de continuar sin sus seres queridos en un país extraño. Todo aderezado con sus dosis de comedia, genialidad y emoción.

Es digno de reconocerse y de observarse. Como toda adicción, poco a poco comenzó a ser fundamental ver al menos un video de sus proezas. Me generó una dependencia bárbara. Puse como favoritos los canales de deportes. Comencé a agregar a mi vocabulario términos futboleros y a marcar en mi agenda las fechas de cuanto torneo se presentara. ¿Quién carajos era el FC Barcelona antes de “descubrir a este hombre”? Nada. ¿Qué es el FC Barcelona hoy en día? Mi equipo de fútbol favorito.

He visto infinidad de videos, me sé de memoria el texto de Hernán Casciari, he escuchado las alabanzas de los comentaristas deportivos cada vez que hace una de sus genialidades en el campo… y en verdad, cada partido es una oportunidad para volverme a enamorar de la magia que provoca.

A veces me arrepiento de no haberlo descubierto cuando su carita estaba llená de acné, tenía el cabello largo y era una máquina goleadora que no paraba en ningún momento. Algunos opinan que ésa fue su mejor época. Pero ¿a quién engañamos? el petiso ha evolucionado, ahora es un estratega, no necesita meter cinco goles en un partido para dominar y dar cátedra. Antes era puro talento saliendo a borbotones… ahora es medido, poco a poquito, dosificado, sorprendente. Capaz de mantenerse tranquilo y en cuanto empieza a correr… ¡pum! te cambia el partido. Da asistencias. Observa el panorama completo. Tiene calculados todos sus movimientos. No es la mente de un adolescente encendido por la pasión de tener la pelota entre los pies, sino la de un hombre experimentado que encauza mejor esa misma pasión.

Hace unas semanas hizo su debut en el segundo tiempo del partido de Argentina vs Panamá en la Copa América. Un partido francamente aburrido donde la mayor parte del tiempo se la pasaron dándose golpes y acumulando tarjetas, se transformó completamente cuando ÉL entró en la cancha. Metió tres goles exquisitos, se ganó la ovación de sus compatriotas (que no lo quieren mucho que digamos) y le cerró la boca a cualquiera que se hubiera atrevido a decir que no tiene personalidad para ser líder (ejem, ejem, Maradona). Yo creo que un líder debe inspirar, cambiar el ambiente, poner todo de su parte para que el equipo gane y siga adelante. Todo eso lo logró en pocos minutos.

Y así sigue el chaparrito, despertando este tipo de reacciones a donde va:

Creo que todos los deportistas son artistas: lo que hacen en sus respectivos campos es arte. Éste hombre nacido en Rosario, Argentina, es un escultor capaz de modelar una jugada perfecta; un pintor que da pinceladas de auténtica genialidad en cada paso; un músico que con cada gol provoca sinfonías de triunfo y alegría para los espectadores.

No soy una experta de deportes, por supuesto que no. Pero sé lo que se siente cuando algo te emociona y te apasiona. Cuando ves algo que no es fácil de explicar.

Cada que lo veo jugar me emociono, se me dilatan las pupilas. Trato de no perderme ni un solo detalle de ésos caños impresionantes, de su estrategia en la cancha, veo cómo todo su cuerpo se mueve a mil por hora y corre tan rápido que se les escapa a los rivales. De pronto ya no es un chaparrito tímido que podría pasar incluso desapercibido ante el porte de otros jugadores. Él se transforma, se convierte en una bala, se enciende y se quita de encima a los rivales. Corre hasta perderse y culmina en dos cosas: un pase estratégicamente colocado para que alguien más lo meta, o en un golazo directo. Y entonces este individuo grita, aprieta los puños, sonríe, es el hombre más feliz en la faz de la tierra. Y sube sus manos apuntando al cielo… siempre al cielo.

Me gusta verlo porque le apasiona lo que hace y te contagia esa pasión. Hay quienes dicen que no es humano, y ciertamente a veces resulta difícil creer que lo sea. Es fuera de serie, se han agotado los adjetivos tratando de describir su talento nato.

Y sí, es verdad. Existen y existieron jugadores mejores o de igual genialidad, pero ninguno de ellos ha sido capaz de despertar en mi las sensaciones que él me provoca. La emoción, la anticipación, la falta de palabras…

“Tiene cara de idiota”, “es un estúpido”, “no veo ni un ápice de intelectualidad en él” y demás opiniones de ese estilo. A ver señores, paren de chingar con eso: la inteligencia no se mide solamente por cuántas ecuaciones lineales pueden resolver, existen distintos tipos de inteligencia, todos igualmente valiosos y necesarios para vivir y destacarse en algo. ¿Que si el argentino puede resolver una ecuación matemática? la verdad no lo sé y no me importa. Pero los reto a cualquiera de los que lo llaman estúpido a jugar como lo hace él, y veamos quien se ve más estúpido.

Que si las faltas, que si los errores, que si los niños con la mano estirada, que si Panamá Papers y la evasión fiscal… claro, lo reconozco, estamos hablando de un ser humano que tiene errores. Y errores muy graves a veces. Pero mi objetivo al escribir esta entrada no es resaltar eso, no.

Hoy quiero escribir sobre lo bueno, contribuir con unas cuantas palabras a todos los textos, alabanzas y análisis que se han hecho. Sus acciones buenas que inspiran, emocionan y alegran.

Hoy me dio por escribir sobre cierto deportista que hizo que me gustara el fútbol y por el cual empecé a ver partidos completos. Me hizo leer libros sobre el deporte y debatir opiniones junto con otros aficionados.

Me hizo sentir una emoción indescriptible cuando lo vi en persona. Algo cambió en mi y nunca volverá a ser igual.

Pero sobre todo, me hizo escribirle esto hoy, justo hoy que es su cumpleaños.

Yo creo que han oído hablar de él: se llama Lionel.

Necesitamos creer.

Definitivamente fue la noticia más comentada de la semana. Todavía me acuerdo cuando llegué a la oficina, sofocada de caminar las ocho cuadras desde el metro, y encontré a todos mis compañeros en una acalorada discusión sobre los atentados en Bélgica. Hace unos meses París era el tema de conversación en todos los escritorios, ahora esto: un atentado terrorista más. Las imágenes de los muertos y heridos relucían en cada pantalla. El mundo nuevamente se indignaba por una atrocidad tan grande. Y sin embargo fue Luis, el de sistemas, quien lanzó la pregunta clave: ¿Dónde carajos estaba Superman para impedirlo?

Bueno, Superman no impidió nada, pero el único alien reconocido sobre la faz de la Tierra sí que estuvo en Bélgica ayudando a limpiar los escombros. ¿Se acuerdan de la imagen que salió en todos los noticieros, donde se veía a este ser sobrehumano cargando los cuerpos de cinco personas heridas, llevándolos a que recibieran atención médica? Fue una cosa bastante comentada y que levantó polémica: ¿por qué Superman no estuvo antes de que sucedieran los ataques?, si de verdad aprecia a la raza humana, ¿por qué no impidió el desastre?, ¿qué mensaje pretende enviar cuando la tragedia ya ha pasado y lo único que quedan son escombros que limpiar?

No hace falta explicar cómo las cosas en la oficina se calentaron y los partidarios de Superman comenzaron a defenderlo a como diera lugar, diciendo que no es precisamente su responsabilidad evitar que estas cosas pasen. Los detractores, argumentaron que entonces se sigue poniendo en tela de juicio su verdadera lealtad, ya que al parecer cuando se trata de tragedias provocadas por los propios humanos, su fuerza únicamente sirve para cargar cadáveres.

Cuando sucedieron los ataques en París, la discusión fue exactamente la misma: Superman estuvo ahí para apoyar a los heridos y rescatar a unos cuantos desafortunados, pero la lucha mundial contra el terrorismo continúa. En eso él no ha querido tomar parte. Nadie sabe ni qué idioma habla (si es que ha aprendido un lenguaje terrestre), y todas las audiencias e investigaciones del gobierno no han servido absolutamente de nada.

Tal vez la situación aquí en México no impacta mucho, porque el “alien” estableció su pertenencia a un país ajeno. Toda la destrucción extraterrestre que vivimos hace tres años impactó a Metrópolis, una ciudad gringa. Si la nave ésa hubiera caído en, digamos, Guatemala o Brasil, lo sentiríamos latino y hubiera sido eso, el ALIEN LATINO. El ALIEN COMPADRE. Pero no, la chingada nave tuvo que caer en una ciudad estadounidense, y por lo tanto, Superman “es gringo” (una de las razones por la que Donald Trump está siendo tan apoyado es por su promesa de que hará rendir cuentas a Superman llevándolo ante las autoridades. Millones de estadounidenses le tienen miedo, y quieren saber si de verdad su interés es proteger a la raza humana. Hillary Clinton ha dicho exactamente lo contrario: que confía en él porque ha demostrado su lealtad hacia los humanos. Pero ése es tema político y no me pienso meter en eso)

Pensándolo bien, está cabrón: la llegada de Superman al mundo (no sé quién carajos le puso “Superman”, yo creo que fue algún gringo que le vió la S en el pecho) cambió completamente los paradigmas: Sí, señores, los aliens existen y se parecen a nosotros. Sí, hay aliens buenos y aliens malos. No, no se sabe si Dios también los hizo. Todos sabemos el desmadre que la Iglesia Católica armó diciendo que sólo Jesucristo fue enviado por Dios a la Tierra y que lo demás es una blasfemia (a pesar de que el propio Papa Francisco admitió en una entrevista que Superman parecía tener “un alma noble” y que también era una “creación de Dios Todopoderoso”). La mera existencia de Superman y los ataques que dejaron casi destruida a Metrópolis marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad. Ahora tenemos un defensor que cayó del cielo… aunque también parece que hay defensores que en lugar de caer del cielo, emergen de las sombras…

Hace ya un tiempo me dio por investigar cuanta información encontrara en Internet sobre el “vigilante nocturno”, como le llaman. Resulta que en Ciudad Gótica (otra ciudad de, ¡exacto!, Estados Unidos) hay un tipo que desde hace unos años se dedica a atrapar criminales por cuenta propia. Este wey se disfraza de murciélago (no, no es broma. Se disfraza de murciélago… le han de gustar mucho) y por las noches atrapa a violadores, secuestradores, rateros, defraudadores y cuanta escoria humana exista. Ciudad Gótica (sí, tiene un nombre muuuy mamón) de repente tenía su propio héroe personal.

Y miren que la cosa estaba pesada: Gótica era una de las tres ciudades más peligrosas de E.U. Bueno, sólo para recordarles que incluso cuando Obama se dio una vuelta por allá cuando apenas había sido elegido presidente, le incendiaron la camioneta en la que viajaba y por poco lo matan con una bomba que pusieron en el hotel. Gotham City era la Ciudad Juárez de los gringos, un lugar al que si ibas, no era seguro que regresaras vivo.

De repente la prensa internacional empezó a hablar del tipo que les cuento. Fue una acción que intentó ser replicada en meses posteriores en distintos países del mundo, pero sin ningún éxito (a todos los aspirantes a héroes los mataron a balazos o peor). Obviamente nadie sabe quién es el murciélago de Gótica, pero en lo que todos coincidimos es que seguro se trata de un ex soldado o militar, y que tiene un chingo de dinero: los videos de sus persecuciones en auto, de su traje o de los instrumentos que utiliza para capturar a los criminales nos dan una idea del arsenal de armas y tecnología que maneja. ¿Qué puede aspirar un simple mortal cubriéndose la cara y tratando de atrapar a un ladrón si no cuenta con esos recursos?

Batman, así le dicen. Batman se encargó de reducir el crimen en Ciudad Gótica de manera drástica desde que tomó las riendas. Parece inmortal el tipo, cada noticia que sacan sobre él le hace ganar más y más simpatizantes (aunque claro, también ha ganado un número importante de detractores que argumentan que ninguna persona puede estar por encima de las instituciones y que si todos empezaran a hacer justicia por su propia mano, el mundo ardería. Como si no estuviera ardiendo ya). Aunque hay que admitir que recientemente se ha pasado de lanza: antes simplemente capturaba a los criminales, les ponía una mega madriza y los dejaba en las estaciones de policía más cercanas. Ahora se están empezando a hacer más comunes los casos en donde no hay criminales que capturar, porque el hombre-murciélago los mató a todos.

A estas alturas hemos llegado: a un mundo donde existen aliens que nos “salvan” de amenazas que ni siquiera alcanzamos a comprender (la NASA dice que están “atentos a cualquier anormalidad”, pero yo siento que ya saben lo que hay allá afuera y no lo quieren decir) y donde un tipo con muchísimo dinero y entrenamiento de combate sale a hacer justicia.

En esta entrada únicamente quiero plasmar la humilde opinión de una mexicana de 24 años ante estos acontecimientos sin precedentes:

Admiro a tipos como Batman. Él fue un cuate que un día se levantó y dijo “¿saben qué? ya estoy hasta la madre. Estoy harto de ver cómo los corruptos y los hijos de la chingada hacen pedazos MI ciudad. Ahora yo los voy a hacer pedazos a ellos” y se construyó su traje, agarró sus armas y en las noches hace justicia. Tipos así debería haber en cada ciudad de cada país. No sé quién sea el que se esconde detrás de la máscara, pero si lo tuviera enfrente le diría “te respeto. No cualquiera tiene los huevos para hacer lo que estás haciendo. Sigue así y si algún día te quieres dar una vuelta a la Ciudad de México, te lo agradeceríamos mucho TODOS. Batman, hermano, ya eres mexicano y cosas así”.

No confío mucho en Superman. No es que lo odie, pero se me hace muy difícil (casi imposible) creer que un alien se va a apiadar de la raza humana. No manchen, los seres humanos somos la infección del planeta, yo creo que si un alien llegara a la Tierra nos mata a todos con tal de salvar lo que queda del mundo. Este Superman con su traje brillosito con capa y su lema de “vengo en paz” no me convencen del todo. Sí, nos ha ayudado, sí, ha salvado gente no sólo en E.U., sino en muchos otros lados (México incluido), pero… no sé sus verdaderas intenciones. ¿Qué lo ata a salvarnos?

No sé que pasará el día de mañana (a como van las cosas, mañana nos cae una nave extraterrestre o explota el metro de otra ciudad) pero lo que sí sé es que los seres humanos necesitamos CREER. Creer en algo que nos dé esperanza, que nos ayude a sobrellevar las catástrofes diarias a las que nos exponemos. Si nos asaltan y el criminal está suelto por las calles, o si llega un terremoto y nuestra ciudad queda destruida… algo o alguien nos va a ayudar. Hay que creer que la ayuda vendrá del cielo y será tangible, o que un vengador anónimo le dará su merecido al tipo que nos robó. Creer que esas cosas van a pasar nos da ánimos.

Seguiré sosteniéndolo: la raza humana necesita CREER. Ya sea en un hombre que vuela por el cielo con una capa y una S en el pecho, o en un tipo que se pone un traje de murciélago y sale a combatir el crimen en las noches. Ellos son símbolos de esperanza, de que todavía se puede hacer algo… de que siempre habrá un héroe que nos ayude.

Necesitamos creer para no volvernos locos.