Ésos son los más peligrosos.

Nunca te fijes en un hombre que escribe, ésos son los más peligrosos.

No es necesario que te endulcen el oído con promesas cargadas de buenas intenciones, pero que solamente después de un tiempo revelan su verdadero valor.

Tampoco es necesario que salgas con ellos, o que estés obligada a pasar momentos incómodos donde el silencio se hace más grande que la propia conversación. Ni siquiera hay necesidad de salir cuando lees sus textos. Inclusive a la distancia, llegas a conocerlo, tal vez no un conocimiento profundo (ése no se logra nunca) pero un conocimiento al fin y al cabo.

No te fijes en un hombre que no tiene miedo a escribir lo que piensa, lo que siente, lo que le apasiona, lo que le enoja y lo que lo frustra. Ésos son los más peligrosos porque se están desnudando ante tus ojos sin que puedas hacer nada por evitarlo.

Existen hombres que escriben y que además, se atreven a tomar una guitarra para expresar sus palabras mortales (o las de alguien más). Ésos son los más peligrosos: al sumar habilidad (y gusto) musical con un talento (y gusto) para escribir obtienes una combinación explosiva.

Los hombres que combinan cuadernos, café y cigarros… ésos no pasan como si nada. Ésos son creadores, tienen el poder de destruir, son mortales… los más peligrosos.

Claro que la posibilidad de fijarte en un hombre así siempre es una elección personal. En mi caso, pude haber ignorado sus textos, pensar que se trataba de otro compañero de letras más, sin nada especial… pero no. Caí y leí y ahora no sé que hacer. Supo llegarme por mi punto débil, sin querer (y simplemente escribiendo) cautivó mi imaginación. Y aunque yo leía lo que una musa desconocida le inspiraba, mi mente ávida de palabras se enganchaba irremediablemente.

No hubo necesidad de fijarme en otros detalles. La sonrisa honesta, los ojos verdes… todo eso quedó oculto tras la pantalla de bienvenida de su blog.

¿Alguna vez han seducido a alguien únicamente con lo que escriben? ¿Han sido víctimas o victimarios? ¿Alguna solución?

Tal vez es inevitable: una cuestión del destino o la mala fortuna. Mientras existan historias que contar y musas particulares que las inspiren, mis sentimientos se verán seriamente comprometidos a volver a caer por escritores desconocidos (o casi desconocidos. No muy bien conocidos pero cercanos, a fin de cuentas)

Mi consejo, sin embargo, permanece: no te fijes nunca en un hombre que escribe, que escribe bien, y que para acabarla de chingar… le escribe a alguien más.

Ésos son los más peligrosos. escribir_a_mano

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