El Gran Buenos Aires

Me pasó algo muy chistoso con esta entrada, queridos lectores. Originalmente estaba pensada para ser una entrada donde hablaría de mi reciente viaje a la Ciudad de la Furia y terminó siendo un post que mezcló la literatura con Argentina (y de una manera muy curiosa y casi providencial)

Hace unas semanas me dijeron en mi trabajo que me iban a mandar a Buenos Aires una semana para trabajar desde allá y conocer a mi nuevo equipo. Era cosa de no creerse, casi lloro de la emoción (para los que siguen este blog desde hace rato, sabrán que estoy completamente enamorada de Buenos Aires y que dicha ciudad significa mucho para mí)

Ante las largas horas de vuelo que me esperaban, decidí empacar un buen libro que me ayudara a entretenerme en el avión y en las odiosas conexiones. El elegido fue un libro que ya había leído con anterioridad pero que quise volver a retomar: El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald.

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No sé que tan familiarizados estén con el libro, pero les cuento la trama rápidamente: todo el texto está contado por Nick Carraway, que llega a vivir a Nueva York y ahí se reúne con su prima, Daisy Buchanan. Nick es vecino de un tal Jay Gatsby: un multimillonario que hace fiestas chingonas y cuya vida es un misterio para todo el mundo. Pronto, Nick entabla amistad con él y se va enterando poco a poco de los secretos que esconde tan singular personaje.

Creo que fue algo muy curioso el que precisamente seleccionara ése libro para mi viaje, ya que pensándolo bien, El Gran Gatsby fue simplemente la elección perfecta. Durante el vuelo de regreso, me puse a pensar en las comparaciones entre lo que escribió Francis en su libro y lo que sentí al volver a la ciudad que tanto amo… y llegué a varias conclusiones:

1.- Buenos Aires no existe.

Hay una parte en el libro donde Nick describe a detalle cómo era una típica fiesta de Gatsby: música, colores, baile, invitados exóticos, bebida, diversión… un verdadero espectáculo al que todo el mundo asistía. Dichas fiestas se hacían en la noche, y durante el día, cuando Nick contemplaba la enorme mansión de su vecino vacía y silenciosa, le costaba creer que todo ese despliegue de excesos haya tenido lugar apenas la noche anterior. Era como si nada de eso (incluyendo al mismo Gatsby) hubiera existido siquiera.

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Y acá viene la primer comparación: me di cuenta que Buenos Aires no existe. Es un lugar al que veo tan lejano, tan apartado de mi vida cotidiana y de mi realidad, que me cuesta trabajo que en estos momentos ésa ciudad siga existiendo cuando yo no estoy en ella, ¿saben?

Buenos Aires existe sólo cuando yo la visito. No más. No puede ser que siga existiendo si yo no estoy ahí para admirarla. Creo que a Buenos Aires me la inventé en un lindo sueño y cada que me voy, se desvanece. Ya está, se fue, es historia, se esfuma, se pierde en el aire.

A veces me cuesta trabajo creer que está tan lejos…

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FBK: Travel Buenos Aires

2.- Buenos Aires no cambia.

En el libro, cuando nos enteramos de la historia de Jay Gatsby, aparece su primera (y original) identidad: un muchacho común llamado James Gatz. Gatsby es el personaje que tiene que surgir, es la gran evolución del personaje original. Gatsby se convierte en la mejor versión que Gatz pudo haberse imaginado de sí mismo. Implica un cambio total a nivel personal.

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Ahora que regresé a Argentina, estaba decidida a hacer un curioso experimento: iba a caminar por aquellas antiguas calles porteñas, recorrer los viejos caminos y ver cuántas cosas habían cambiado desde la última vez. Me sorprendí: Buenos Aires sigue intacta. Es como si yo hubiera tomado una fotografía mental y dicha imagen es la que perduró en mi ausencia. Sí, claro, hay detalles nuevos aquí y allá… pero la esencia es la misma.

¿Y qué pasó conmigo? Bueno, yo abandoné Buenos Aires en 2014 como James Gatz y regreso como Jay Gatsby. No, no soy multimillonaria ni tengo una enorme mansión en Nueva York ni soy la mujer más misteriosa e interesante de la ciudad. Pero sí cambié. Sin lugar a dudas, soy otra versión (o al menos, una versión más interesante) de la chica que se fue en el 2014: tengo un empleo bastante interesante y divertido que me permite viajar, he conocido personas increíbles, aprendido a madurar (en algunas cosas), descubierto nuevas pasiones, tenido peores problemas de salud pero siempre tomándolo con filosofía, en fin… he definido mejor la mujer “adulta” que se supone debo ser. Ha sido una evolución muy interesante a nivel personal.

Y sin embargo, ahí sigue Buenos Aires. Inamovible. Estoica. Inolvidable.

La ciudad no cambia, los que cambiamos somos nosotros.

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3.- Buenos Aires es un espejismo.

Hay una parte en el libro donde Nick relata cómo por primera vez vio las fiestas de Gatsby bajo una luz nueva, ya que ahora estaba mirando todo a través de los ojos de Daisy. En esa parte, Nick dice:

Es inevitablemente entristecedor mirar con nuevos ojos las cosas sobre las cuales ya se han formado nuestras propias valoraciones.

Uno de mis compañeros de equipo, Diego, también viajó a Buenos Aires la semana pasada. Él también vivió en Buenos Aires, pero a diferencia mía, durante más tiempo y trabajando para la compañía en la que estamos ahora. Una noche Diego me escribió algo que reforzó ésa tristeza de la que hablaba Nick Carraway:

Hay algunas cosas que es mejor tenerlas así lejanas y hermosas, porque una vez que las tienes pierden su magia (…) me pasó eso con Argentina.
Toda la vida desde secundaria la amaba y era mi sueño jaja y cuando me vine a vivir se fue todo al caño, mejor me hubiera quedado con mi idea de lo que era.
Era más lindo.

Tengo compañeros de trabajo argentinos que simplemente no se explican mi fascinación con su ciudad y que me dicen que estoy mil veces mejor lejos. Que me repiten que para visitar de vacaciones, Buenos Aires es muy lindo (o para vivir con beca de intercambio estudiantil), pero cuando uno vive ahí y tiene que ganarse el pan todos los días… la cosa cambia. Ya no es tan perfecto ni tan idílico cuando te das cuenta que los salarios son bajos, la inflación es asfixiante y los impuestos ridículamente elevados.

Y es triste, ¿saben?, es muy triste mirar bajo ésos ojos a la ciudad de mis sueños.

En el libro, Gatsby deseaba estar con Daisy, era su sueño último. Gran parte de su vida se dedicó a buscar cualquier manera de acercarse a ella y volver a recuperar el pasado pero cuando lo hizo, todo se fue al carajo (y no diré cómo por si alguien aquí no ha leído el libro aún).

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¿Me pasaría lo mismo si algún día decido volver para quedarme por un tiempo indefinido?, ¿qué tal que regreso a Buenos Aires y mi brillante memoria se desvanece, aplastada por el peso de la cruda realidad?… ¿y si termino odiándola?

3.- Buenos Aires es de color verde.

En el libro, la casa de Gatsby quedaba justo enfrente de la de Daisy, separadas por un enorme lago. En el muelle de la casa de Daisy, había una luz verde que brillaba todas las noches, y Gatsby salía a su propio muelle y estiraba el brazo, siempre mirando ésa luz parpadeante, queriéndola alcanzar.

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La luz verde tiene un gran significado en el libro: por un lado, es la representación del sueño Americano que Gatsby siempre quiso alcanzar. Por el otro, es Daisy, su pasado glorioso que se presenta frente a él y al que siempre quiere regresar.

Gatsby creía en la luz verde, en el futuro feliz que año tras año retrocede ante nosotros. Aunque en este momento nos evite, no importa… mañana correremos más rápido, estiraremos más los brazos… y una bella mañana…

Y así seguimos, luchando como barcos contra la corriente, atraídos incesantemente hacia el pasado.

Gatsby no puede abandonar el pasado. Todo lo que hace en el libro lo hace por la sencilla razón de que quiere recuperar y recrear lo que ya vivió. Trata de ir contra la corriente del tiempo que año tras año lo aleja más del pasado.

Pero… ¿saben qué? el pasado no regresa, aunque constantemente tratemos de volver a él. Yo no voy a recuperar jamás la vida que tuve en Buenos Aires en el 2014, porque ya forma parte del ayer.

Y es que no se trata sólo de una ciudad. Al menos, no para mí. Buenos Aires es LA ciudad, ¿me explico? es mi constante añoranza por un pasado que fue tan hermoso y donde tuve un crecimiento sumamente importante (tanto profesional como personal). Representa todo lo feliz que pude haber sido en mi vida hasta ahora, y por eso cada que tengo oportunidad de regresar siempre termino recorriendo los mismos lugares, recordando las mismas cosas, tratando de volver en el tiempo a un mundo mejor.

Y así sigo, luchando como barco contra la corriente.

Buenos Aires es la luz verde que me atrae incesantemente hacia el pasado.

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