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Historia de una canción

No era fácil estar en París.

Había llegado a la ciudad buscando desesperadamente audiciones en cualquier bar o teatro como cualquier otra joven de mi edad que quiere ser artista. Mi sueño siempre ha sido ser bailarina: el escenario me llama, me envuelve… cuando siento la música en mi cuerpo ya nada más importa.

Una noche vagaba sin rumbo por los bares del boulevard, arrastrando mi maleta. Estaba buscando un lugar decente y barato donde quedarme así que me registré en un sucio hostal y al subir las escaleras para ir a mi cuarto me crucé con él: llevaba un abrigo negro, era alto, fuerte, con el cabello castaño largo recogido en una cola de caballo. Tal vez no hubiera reparado en su presencia si no hubiera chocado conmigo accidentalmente. Al abrirse su abrigo me fijé en la camisa blanca que llevaba puesta, manchada de sangre. Él advirtió mi mirada curiosa, cerró bruscamente su abrigo y salió por la puerta. Desde ese momento supe que no habría forma de olvidar su rostro.

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Necesitamos creer.

Definitivamente fue la noticia más comentada de la semana. Todavía me acuerdo cuando llegué a la oficina, sofocada de caminar las ocho cuadras desde el metro, y encontré a todos mis compañeros en una acalorada discusión sobre los atentados en Bélgica. Hace unos meses París era el tema de conversación en todos los escritorios, ahora esto: un atentado terrorista más. Las imágenes de los muertos y heridos relucían en cada pantalla. El mundo nuevamente se indignaba por una atrocidad tan grande. Y sin embargo fue Luis, el de sistemas, quien lanzó la pregunta clave: ¿Dónde carajos estaba Superman para impedirlo?

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21 de octubre del 2015.

Faltaban diez minutos para mi salida habitual del trabajo. Sí, lo reconozco, hoy me salí antes de mi hora. Siendo una persona en extremo metodológica, acostumbrada a cumplir con horarios y planes estrictos, podría haber parecido raro.

Sin embargo, todo fue por una razón especial. Hoy, 21 de octubre del 2015, hoy Dany Ren tenía una cita.

Luego les contaré cómo mis estudios relacionados con la teoría de la relatividad y demás trabajos de física dieron sus frutos y encontré la manera de enviar coordenadas algunos años al pasado. Ésos son aspectos técnicos que interrumpen el propósito de mi relato. Lo único que necesitan saber, queridos lectores, es que un adorable chico extranjero hizo un viaje muuuuy largo para poder encontrarme en Ciudad Universitaria, México, Distrito Federal, el 21 de octubre del 2015.

Tomé el metrobús y me bajé en la parada del Centro Cultural Universitario. Aquella zona no es muy concurrida y yo sabía que mi cita podía… “aterrizar” su vehículo cerca del Universum, donde las patrullitas de vigilancia de CU se dan sus vueltas una vez cada cinco años. Saqué el papelito que traía en mi bolsa con las coordenadas exactas y caminé hacia el lugar.

Cuando lo vi sentado enfrente de los arbustos que ocultaban su transporte, me sonrió y agitó la mano. Sí, lo admito, era lindo.

Nos saludamos con nerviosismo, me dijo que nunca había estado en México antes y que no estaba muy confiado de dejar el auto en ese lugar: “No es mío, es de un muy buen amigo y si le llegara a pasar algo… me mata”.

-Nah, no hay bronca. Déjalo ahí, estará bien. Vamos a caminar un rato, ¿quieres?

A mi acompañante le encantó la tranquilidad del lugar. Me advirtió que tenía novia pero que la posibilidad de conocerme le entusiasmaba. “Podríamos ser amigos” me dijo. Genial, la historia de mi vida.

Nuestro paseo transcurrió en calma, disfrutando del atardecer en Ciudad Universitaria y conociéndonos mejor.

-Nunca pensé que fueras a venir a México. ¿Cuánto tiempo te hiciste desde Hill Valley?

-Volando haces como dos horas y media.

-¡Wow! Gracias por tomarte tu tiempo.

-El tiempo es bastante relativo, ¿sabes? Eso lo aprendí de mi amigo.

-Y bueno… ¿qué tal? ¿Te gusta el futuro?

-Nunca había estado en México, así que no sé en realidad cómo se suponía que era en el pasado. Pero encendí la radio mientras viajaba hacia acá y déjame decirte algo, la música es una cosa extremadamente extraña.

-¿De verdad?

-Sí, y eso que yo vivo en los 80’s. Toco la guitarra en mis ratos libres. ¿Sabías que conocí al primo de Chuck Berry?

-¿De verdad?

-Sí, yo fui el primero en toda la historia en tocar una de sus canciones más famosas.

-Deberían haberte pagado regalías.

-Las personas hablan de reality shows, de páginas en… ¿Facebook?, videos en… ¿YouTube? y una cosa que se llama Twitter. Así, como si fueras un pájaro. Es extraño.

-Sí, hemos desarrollado la increíble manera de generar plataformas por internet que nos alejan de las personas que tenemos más cerca.

-Eso del internet es rarísimo. ¡Y mira a los chicos de allá! No quiero sonar como mi mamá ni nada de eso pero deberían de prestar más atención cuando cruzan las calles en lugar de tener esas pantallitas pegadas a la cara todo el tiempo.

-Bueno, te acostumbras después de un rato. Terminas por creer que tu realidad está en las pantallitas.

-Qué extraño. También me parece que Biff se está postulando para la presidencia de los Estados Unidos, ¿puedes creerlo?

-¿Biff? ¿Quién es Biff?

-Un imbécil. Un loco narcisista que tiene muchísimo dinero porque le apostó siempre a los ganadores gracias a que…

-Ahhh… Biff. Sí, ya sé quién. Pero creo que se cambió el nombre.

-Sí, porque sabía que algún día vendría a buscarlo y como es un idiota, pensó que cambiándose el nombre e inventando toda una historia familiar me iba a confundir. Pero sé que es él.

-Oye… ¿el presidente actual de los Estados Unidos no tiene nada que ver con el alcalde de tu ciudad?

-Creo que son primos lejanos o algo así. Toda la familia de Goldie Wilson siempre ha tenido aspiraciones políticas muy grandes, por lo que veo.

Me tomé un momento para mostrarle mi teléfono celular, explicarle qué es Google y enseñarle cómo se toma una selfie.

-Apuesto a que tienes muchas preguntas que hacerme sobre la actualidad. ¿Algo en particular? ¿Quieres saber cuál es el tiempo estimado que le resta de vida a la Tierra? ¿Cuántas especies animales ya no existen? ¿Si ya hay cura para el cáncer? ¿Qué demonios es Netflix?

-Creo que no quiero saber nada.

-¡¿Estás loco?! Si yo conociera a una persona del futuro no hubiera dejado de hacerle preguntas.

-Sí pero… ¿cuál sería el punto de vivir si ya sabes lo que va a suceder? ¿Dónde queda la emoción?

-Podrías saberlo para intentar cambiarlo.

-Me metí en muchos problemas intentando arreglar algo que cambié en el pasado. Creo que todo eso me llevó a darme cuenta de que si quieres evitar algo, debes hacerlo en el momento, ¿sabes?. El tiempo es relativo, el pasado y el futuro… todo eso. Es algo que un ser humano no debería ser capaz de modificar, ni siquiera de conocer. Todo cambio que hagas, por pequeño que sea, puede que te salve a ti, pero siempre va a tener una consecuencia sobre alguien más.

“Lo único que quiero es volver a casa, disfrutar de mi vida normal y esperar por el futuro. Mientras más incierto, mejor. La emoción ahí estará, las cosas volverán a ser nuevas otra vez y cualquier cosa que haga por el porvenir lo haré de manera más consciente, en MI presente. Creo que no es un plan tan malo”

Sinceramente, era un plan bastante aceptable. Él tenía razón, no deberíamos ser capaces de perder nuestra capacidad de asombro, de darnos cuenta de que el presente es lo único seguro que tenemos. El futuro es pura imaginación, humo y nada más. Tenemos que concentrarnos en el AHORA.

Es verdad: al menos para mi, el futuro sigue siendo un misterio. Y pensar en eso me emocionó.

-Tienes que probar la comida mexicana antes de irte. Puedes llevarle unos tacos a tu amigo, el dueño del auto.

-Creo que al Doc le encantaría un buen plato de comida extranjera. Sí, México se ve bien. El clima… ¿no está tan mal, sabes? Acá no llueve y deja de llover en sólo cinco minutos.

-Se nota que no vives aquí. Últimamente ha estado haciendo mucho frío.

-Es espantoso cuando hace frío. Odio sentir ésa sensación de escalofrío en los músculos. ¿Te imaginas sentir temblores en tu cuerpo todo el día, todo el tiempo? Debe de ser horrible.

No supe qué contestar. El sol se ponía en el horizonte y el viento sopló, una fresca brisa invadió el aire e involuntariamente tomé su brazo. Nos acercábamos a la estación de metrobús.

-Oye Marty… ¿quieres ir al cine?

-¡Claro! Estaría genial. ¿Tienen la de Tiburón 19?

-No, pero hay una peli de terror que dicen que es buena.

-¿De terror? -su estremecimiento fue visible- ODIO las películas de terror.

Solté su brazo y me adelanté, sonriendo.

-No pasa nada. Podemos seguir platicando, conseguir algo de combustible para el DeLorean y mostrarte cuál es el “horror” actual en el cine.

¡Vamos, McFly! Apúrate, tenemos mucho por hacer. No seas gallina.

Mi media naranja (mecánica)

Hace unas semanas Cafebrería El Péndulo realizó una convocatoria para un concurso. Ahí me tienen leyendo las bases: “¿Alguna vez te has enamorado de un personaje literario? ¡Confiésaselo! En un máximo de 1000 caracteres, escríbele una carta de amor” Y pues dije:

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Y dio frutos, mis queridos. Gané el segundo lugar del jurado y aquí les dejo mi nota di amorts para que la lean. Como tiene su lenguaje peculiar (porque el libro fue escrito con el lenguaje nadsat y si no escribía mi confesión de esa manera, el destinatario no me iba a entender) también les pongo su respectivo glosario.

-Chudesño: extraordinario

-Videar: ver

-Drugo: amigo

-Guba: labio

-Grudos: pechos

-Lubilubar: hacer el amor

-Naito: noche

-Noga: pierna

-Nago: desnudo

-Joroschó: bueno, bien

-Goborar: hablar, conversar

-Slovo: palabra

-Sladquino: dulce

-Filosa: mujer

-Malenco: pequeño, poco

-Maluolo: mal, malo

-Pe y Eme: Papá y Mamá

-Prestúpnico: delincuente

-Apología: disculpa

-Rasdrás: enojo, cólera

-Débochca: muchacha

-Rasrecear: transtornar, destrozar

-Veco: individuo, sujeto

-Starrio: viejo, antiguo

-Bábuchca: anciana

-Militso: policía

Alex.

Alex mi amor: tengo que decirte la verdad. Desde aquel chudesño día que te videé en el Korovo tomando leche-plus con tus drugos, supe que mi corazón te pertenecía. Tengo que decírtelo: te amo. Es más, quiero tus gubas en mis grudos, lubilubar contigo todo el día y toda la naito. Noga con noga, nagos los dos. ¿No te parece joroschó? Déjame goborar slovos sladquinos en tus oídos. Permíteme ser tu filosa y acompañarte en tus bromas malencas. He oído cosas muy maluolas de ti, mi pe y eme dicen que eres un prestúpnico, pero no me importa. Al contrario, te entiendo y admiro. La ultraviolencia también es lo mío. Apologías si esta confesión te hace sentir rasdrás. ¿Qué puedo hacerle? Sólo soy una débochca enamorada. Si me correspondes, te espero mañana en el Korova para después ir a rasrecear a un veco starrio, molestar a una bábuchca o hacer el viejo mete-saca. Yo te cuidaré de los militsos. Nos divertiremos mucho, mi querido Alex, te lo aseguro.

Siempre tuya, Dany.

ALEX