Maldito Mundial, Bendito Fútbol

 

-¿A qué hora es el partido?

-A las diez, creo.

-Faltan cinco. Cámbiale a la tele.

-Mmm… bueno. Voy a desayunar.

-¿No lo vas a ver?

-No, ¿para qué?, si van a perder. Es A-le-ma-nia, el campeón del mundo. No quiero ver esa masacre.

Este diálogo sucedió en mi casa hoy por la mañana, cuando faltaban cinco minutos para que empezara el partido inaugural de México en el Mundial de Rusia 2018. Sí, lo admito: yo NO pensaba ver el partido. Cuando vi que mi hermana se acomodaba en el sillón y más tarde mis papás, me di por vencida y finalmente ocupé mi respectivo lugar en la sala con una expresión de escepticismo. No tenía ni idea (NADIE la tenía) de lo que mis ojos iban a presenciar.

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La terrible y triste historia de mis 5 primeros meses del 2018

Querid@s mí@s, hoy les quiero contar una terrible y triste historia sobre todos los acontecimientos que me sucedieron comenzando este año, con su correspondientes consecuencias (felices consecuencias, hasta ahora).

¿Por qué?, bueno, creo que hoy por primera vez en cinco largos meses (que se sintieron como cinco años) empiezo a sentir que vuelvo a tener control sobre mi vida y que las cosas no están tan mal después de todo.

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Feliz día del niño, Dany.

23 de abril del 2018

Ciudad de México -antes conocida como Distrito Federal-

Querida Dany:

Si leyeras esta carta estarías en el año 2001 y tendrías diez años de edad. Obviamente para comunicarme contigo te escribiría una carta a mano, ya que en tu época no pensarías posible otra forma de comunicarte que escribiendo cartas (no estás muy familiarizada con las infinitas posibilidades de Internet, además de que éste todavía no está muy desarrollado que digamos, así que ni cómo mandarte un email o una nota de voz por WhatsApp ni mucho menos un inbox en Facebook. Y ésos nombres ni los entenderías, para empezar)

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5 pasos para sobrevivir San Valentín y no morir en el intento

“Hoy es 14 de febrero y la conocida “Guerra de los dos bandos” en redes sociales no se hace esperar, como todos los años. 

De este lado tenemos al bando de los cursis, aquellos que ya tienen atiborrado su muro y el de su pareja de tarjetas de felicitación, fotos de ellos juntos, mensajitos que provocan diabetes sólo de leerlos y corazones multiplicados por mil.

De este otro lado tenemos a los forever alone, con sus mentadas de madre al maldito sistema capitalista que nos oprime y a las grandes corporaciones que únicamente ven en este día la perfecta oportunidad para sacarle más dinero a los “enamorados”

¿Quién ganará la batalla de hoy? No se lo pierda en nuestro emocionante reportaje”

Les acabo de compartir mis primeros pensamientos al entrar hoy por la mañana a Facebook y Twitter y ver todas las publicaciones relacionadas con esta fecha.

En años anteriores el 14 de febrero era una celebración que podía tanto amar como odiar dependiendo exclusivamente de cómo estuviera mi vida sentimental en esos momentos: con pareja (¡YEAH! ¡SÍ! ¡VAMOS AL CINE, A COMER, A GASTAR! ¡BENDITO SEA SAN VALENTIN Y BENDITO SEA EL AMOR PARA TODOS!) o sin pareja (PINCHE DÍA DE MIERDA, ESTÚPIDO SAN VALENTÍN, SALDRÉ A LA CALLE CON UNA PISTOLA DE AGUA PARA MOJAR A TODAS LAS PAREJITAS QUE ME ENCUENTRE). Ya en años recientes sigo con la tendencia de inclinarme a uno u otro bando, pero también he recolectado ciertos “salvavidas” que me ayudan a sobrevivir este día de una forma más tranquila y (a lo mejor) más madura también.

En esta nueva entrada, les traigo 5 sencillos pasos con los que pueden sobrevivir a una fecha tan polémica como lo es el 14 de febrero:

1.- Cada quién su vida.

2.- Sí, a veces nos vale madres.

3.- Existe gente chingona.

4.- Haz el amor todos los días.

5.- Ámate, par favar.

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Crónica de un sueño monstruoso.

Creo que llevaba alrededor de unas cuatro horas durmiendo profundamente cuando me desperté porque sentí (y oí) un ruido extraño en mi estómago. Bueno, en realidad no era del todo extraño: fue el típico crujido de tripas que sientes cuando llevas mucho tiempo sin comer y que a veces te ataca a altas horas de la madrugada, como en esta ocasión. Tenía mucho frío y mucha pereza para levantarme y bajar a la cocina a comer algo, así que traté de dormirme de nuevo.

Grrrrrrrr…grrrrrr… grrrrrr…

Diez minutos después mi estómago seguía reclamándome que no iba a dejarme dormir hasta que lo alimentara, así que me levanté despacio y bajé los escalones de mi litera. Algo estaba mal, fuera de lugar, lo podía sentir. Me movía como si estuviera en cámara lenta y cuando por fin puse los dos pies en el piso descubrí que todo a mi alrededor estaba borroso, en medio de una extraña bruma.

Antes de que pudiera entender con exactitud lo que estaba pasando, algo se movió en la esquina de mi habitación. Di unos pasos en esa dirección y descubrí sentada en mi sillón a una criatura grande de color negro, peluda, con brazos largos, manos que terminaban en garras, ojos brillantes de color rojo y una boca que al sonreír mostraba diminutos colmillos.

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2017

-¿Gusta que le sirva vino, señorita?

-No, muchas gracias. No volveré a tomar vino en mucho tiempo, la última vez que lo hice me sobrepasé y terminé con una resaca espantosa.

El mesero asintió con una breve sonrisa y se retiró. Miré a mi alrededor complacida, todo parecía perfecto: la suave música de violín, la mesa ricamente adornada y lista, el ambiente cálido y acogedor en aquel lujoso restaurante. Me había adelantado y llegué antes que mi compañía para cenar aquella noche.

La cena de fin de año en diciembre: siempre la misma rutina y el mismo restaurante, pero cada año mi invitado era diferente.
Después de unos minutos, mi compañía para cenar cruzó la puerta. Me miró, caminó rumbo a nuestra mesa y ocupó su silla.

-Bienvenida -le dije-. La cena está a punto de servirse.

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