Archivo de la categoría: It’s the real world

Historia de una canción

Cuando la tierra dejó de moverse, corrí lo más rápido que pude a lo largo de la avenida. Todo era caos a mi alrededor.

-¡A TRES CUADRAS SE CAYÓ UN EDIFICIO! -gritaba histéricamente una señora – ¡A TRES CUADRAS SE CAYÓ UN EDIFICIO!, ¡AYUDA POR FAVOR!

Miguel. Alejandra. Román. Mis amigos. Yo no dejaba de pensar en ellos mientras corría lo más rápido que me daban mis piernas. Hoy era el cumpleaños de Alejandra y habíamos quedado de invitarla a comer, nos íbamos a ver a la 1:30 pm en punto, afuera de su edificio en la Colonia del Valle. Hacia allá corría yo.

Me faltaban tres cuadras para llegar.

Sigue leyendo Historia de una canción

Anuncios

El Gran Buenos Aires

Me pasó algo muy chistoso con esta entrada, queridos lectores. Originalmente estaba pensada para ser una entrada donde hablaría de mi reciente viaje a la Ciudad de la Furia y terminó siendo un post que mezcló la literatura con Argentina (y de una manera muy curiosa y casi providencial)

Hace unas semanas me dijeron en mi trabajo que me iban a mandar a Buenos Aires una semana para trabajar desde allá y conocer a mi nuevo equipo. Era cosa de no creerse, casi lloro de la emoción (para los que siguen este blog desde hace rato, sabrán que estoy completamente enamorada de Buenos Aires y que dicha ciudad significa mucho para mí)

Ante las largas horas de vuelo que me esperaban, decidí empacar un buen libro que me ayudara a entretenerme en el avión y en las odiosas conexiones. El elegido fue un libro que ya había leído con anterioridad pero que quise volver a retomar: El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald.

9788497936606

Sigue leyendo El Gran Buenos Aires

Miedo, demonios, espíritus chocarreros y el eterno debate entre el bien y el mal.

Cuando estoy en casa me gusta hacer dos cosas: leer y después ver películas. O ver películas y luego leer. O leer mientras veo películas. El punto es que el cine me gusta mucho, al igual que la lectura. Ya he escrito de cine anteriormente en este blog y hoy quiero compartir con ustedes una reflexión que ha estado en mi cabeza después de haber visto una película en particular (esta entrada es un poco larga así que si quieren acompañarme en esta disertación filosófica, son más que bienvenidos)

Al mal tiempo, películas de terror.

Nunca he sido fan de las cintas de terror. Desde pequeña las he odiado. Tal vez sea característica mía ser miedosa pero ni modo, lo soy. Y bastante: soy incapaz de meterme a la sección de miedo del Museo de Cera o a una casa embrujada. Ver una película de terror para mi equivale a no dormir bien las siguientes dos o tres noches, a subirme corriendo las escaleras de mi casa con miedo de que algo me agarre el pie, a no mirar los espejos porque siento que una cosa espantosa se va a asomar. Tengo una imaginación bieeen grande y una cinta de terror me deja traumada (así sea la película más estúpida que me pongas. Hoy en día todavía me da miedo Chucky, háganme el favor)

Sigue leyendo Miedo, demonios, espíritus chocarreros y el eterno debate entre el bien y el mal.

Crear para poder vivir.

Tweets con magia.

Una de las personas que más admiro en este mundo es la escritora J.K. Rowling. Sí, de verdad. Tal vez en otra entrada platique sobre mi particular cariño por el universo que ella creó y hasta les cuente a qué casa de Hogwarts pertenezco, pero ése no es el motivo de esta entrada.

Fíjense nomás, JK era una mujer a la que se le había muerto su madre, tenía un bebé que mantener, divorciada y pobre hasta que finalmente pudo publicar el primer libro de un niño mago llamado Harry y que posteriormente se convertiría en la saga de libros más vendida de toda la historia (y la haría asquerosamente rica, también). ¡Ejemplo perfecto de superación personal a la vista!, ¿quién dice que no se puede?

Bueno, no es que se haya muerto ni nada, y esta entrada tampoco es una compilación de halagos hacia ella, pero resulta que ayer esta mujer tuvo una actividad bastante interesante en Twitter:

Captura de pantalla 2017-04-04 a las 6.57.38 PM.png

Sigue leyendo Crear para poder vivir.

Tercer aniversario.

-Buenos días, señorita. ¿En qué la puedo ayudar?

-Buen día. Quisiera ver las maletas que venden.

-Claro, ¿alguna marca o estilo en particular que le interese?

-Que sea de cuero. Debe de estar hecha de cuero, forzosamente.

-Ok, pues mire, tenemos éstas… son modelos ya muy antiguos, eso sí. Ya casi no se usan.

-No importa, son resistentes y el material es el indicado. Estoy celebrando un tercer aniversario, ¿sabe? Llevo tres años en una relación amarga y profunda. Amarga de mi lado y profunda… del mío, igual.

-¿De verdad?

-Sí… la ausencia amarga los recuerdos, pero lo profundo del amor ahí queda. Cada año compro un regalo según la tradición: primer año papel, segundo año algodón, tercer año cuero. Por eso la maleta.

Sigue leyendo Tercer aniversario.

La La Las puertas de decisiones.

-No, no hay spoilers de La La Land. Si no la has visto, la verás con una nueva perspectiva. Si ya la viste, podrás estar de acuerdo o no conmigo. Gracias por su atención-

honest-posters-la-la-land-.jpg

El mame de “la-película-bonita-donde-bailan-y-cantan” empezó desde hace rato. Adoro las películas y cuando comencé a leer las primeras reacciones donde calificaban a La La Land como una obra maestra, me emocioné mucho. Pude verla el fin de semana pasado y… (ya sé que acá me lloverán jitomatazos) no me gustó. Se me hizo laaarga como la Cuaresma (me estaba durmiendo durante toda la primera hora), sin embargo, no voy a ser tan cruel como para dejar que una película que tuvo el atrevimiento de ser “diferente” entre todas las demás se ahogue en el mar de mi veneno: más bien quiero escribir por qué me dejó con una nada bonita y muy interesante angustia existencial, misma que en mi opinión y dejando de lado la música, es lo más valioso de esta cinta.

Sigue leyendo La La Las puertas de decisiones.

Si Adeleita se fuera con otro…

Queridos lectores, como ustedes ya saben, este blog me ha servido tanto como escape emocional como para explorar intentos de fugacidad creativa. A veces comparto cosas personales, opiniones, anécdotas o debrayes muy fumados.

En esta ocasión quiero dedicar unos párrafos a una de las experiencias emocionales más intensas que me han pasado en los últimos meses (se oye exagerado, pero después de dos horas llorando como loca creo que se merece esa etiqueta): el concierto de Adele en la Ciudad de México ayer por la noche.

Sigue leyendo Si Adeleita se fuera con otro…

Tú no.

Ayer estuve a punto de tirar el vaso de agua que estaba sosteniendo en las manos mientras veía absorta la televisión. Cuando te tocó tirar a ti, Lio, justo a ti, contuve la respiración y mientras veía como ese maldito balón subía y se alejaba de la portería estuve a punto de dejar que ese vaso se estrellara contra el suelo.

No me lo esperaba. Tú tampoco, por supuesto. Y pasó, la ronda de penales continuó y finalmente se proclamó un nuevo campeón de América. Te juro que pensé que ganaba Argentina, era lo lógico y natural. Así es como el mundo debería de funcionar, ¿no?  Dos horas antes cuando apenas se entonaban sus himnos nacionales, te imaginaba levantando la copa, rodeado de tus compañeros de Selección, cobijado del cariño (ganado a golpes) de tus ingratos compatriotas, flashes y cámaras de un lado a otro y la gente asintiendo convencida de que sí, ésta es para Argentina. Así es como el mundo debe de funcionar.

Pero si la vida nos enseña algo es que muchas veces las cosas no salen como las queremos. Como respuesta: la imagen de Argentina en el piso, con lágrimas, con una bronca terrible, sin palabras… todo mientras una marea roja se llenaba de gloria por segundo año consecutivo.

Sigue leyendo Tú no.

¿Por qué lo fallaste, Lio?

La bronca, la impotencia, el coraje. El dolor de verlo llorando. Porque me dolió, me dolió muchísimo. No es de mi país, no juega para mi selección, ni siquiera es amigo mío o lo conozco como para consolarlo… y aún así me dolió. Porque es la presión de toda una nación sobre sus hombros, son las habladurías de la prensa, son los ingratos argentinos que no tienen otra cosa más que hacer que criticarlo siempre, que echarle la culpa de todo y atreverse a insinuar que no siente la camiseta. Que no sirve. Que no quiere ganar.

Sigue leyendo ¿Por qué lo fallaste, Lio?