Tú no.

Ayer estuve a punto de tirar el vaso de agua que estaba sosteniendo en las manos mientras veía absorta la televisión. Cuando te tocó tirar a ti, Lio, justo a ti, contuve la respiración y mientras veía como ese maldito balón subía y se alejaba de la portería estuve a punto de dejar que ese vaso se estrellara contra el suelo.

No me lo esperaba. Tú tampoco, por supuesto. Y pasó, la ronda de penales continuó y finalmente se proclamó un nuevo campeón de América. Te juro que pensé que ganaba Argentina, era lo lógico y natural. Así es como el mundo debería de funcionar, ¿no?  Dos horas antes cuando apenas se entonaban sus himnos nacionales, te imaginaba levantando la copa, rodeado de tus compañeros de Selección, cobijado del cariño (ganado a golpes) de tus ingratos compatriotas, flashes y cámaras de un lado a otro y la gente asintiendo convencida de que sí, ésta es para Argentina. Así es como el mundo debe de funcionar.

Pero si la vida nos enseña algo es que muchas veces las cosas no salen como las queremos. Como respuesta: la imagen de Argentina en el piso, con lágrimas, con una bronca terrible, sin palabras… todo mientras una marea roja se llenaba de gloria por segundo año consecutivo.

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¿Por qué lo fallaste, Lio?

La bronca, la impotencia, el coraje. El dolor de verlo llorando. Porque me dolió, me dolió muchísimo. No es de mi país, no juega para mi selección, ni siquiera es amigo mío o lo conozco como para consolarlo… y aún así me dolió. Porque es la presión de toda una nación sobre sus hombros, son las habladurías de la prensa, son los ingratos argentinos que no tienen otra cosa más que hacer que criticarlo siempre, que echarle la culpa de todo y atreverse a insinuar que no siente la camiseta. Que no sirve. Que no quiere ganar.

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Se llama Lionel.

Hace unos días el recordatorio de mis recuerdos en Facebook me invitaba a revisar publicaciones pasadas. Al mirar lo que publiqué hace dos años me encontré con esta imagen:

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El principio del fin

¿Saben?, antes de ese día nunca había ido a un partido de fútbol. Nunca. La verdad es que no entendía ni siquiera la ciencia o la diversión de ver a unos individuos corriendo como mensos detrás de un balón. Sin embargo, aquel 4 de junio era especial porque estaba en Buenos Aires, a pocos días de que iniciara el Mundial de Fútbol y el hecho de poder ver a la Selección Nacional de Argentina en vivo antes de probar suerte en Brasil era una oportunidad que simplemente no podía dejar pasar.

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Necesitamos creer.

Definitivamente fue la noticia más comentada de la semana. Todavía me acuerdo cuando llegué a la oficina, sofocada de caminar las ocho cuadras desde el metro, y encontré a todos mis compañeros en una acalorada discusión sobre los atentados en Bélgica. Hace unos meses París era el tema de conversación en todos los escritorios, ahora esto: un atentado terrorista más. Las imágenes de los muertos y heridos relucían en cada pantalla. El mundo nuevamente se indignaba por una atrocidad tan grande. Y sin embargo fue Luis, el de sistemas, quien lanzó la pregunta clave: ¿Dónde carajos estaba Superman para impedirlo?

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Segundo aniversario

Ciudad de México, 7 de marzo del 2016.

Querida mía:

¿No te encantan las cartas de aniversario? Hoy día ya no se le dedica el tiempo suficiente a leer una carta, mucho menos escribirla. Sí, lo sé, tal vez regalarte una carta sabiendo que hoy estamos celebrando una fecha especial sea un detalle raro.

Estuve pensando qué más podría ofrecerte, sabiéndote hermosa, orgullosa y vibrante. Pude haberte interpretado una canción pero no sé cantar. Una pintura, pero no sé dibujar. Una melodía, pero no toco ningún instrumento. Lo que realmente sé hacer y que me apasiona es escribir, así que perdona lo sencillo de mi regalo pero sabes que lo hago con todo el amor de mi corazón.

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Tan cerca y tan lejos.

“No te duermas, niña. No te duermas porque si te quedas dormida te vas a pasar de estación. ¡Abre los ojos!”
Los abrí, agradeciendo que la vocecita en mi cabeza me hubiera alertado antes de quedarme completamente dormida en el metro. Miré el reloj, las 7:30 am. Tenía una hora desde que había salido de mi casa y todavía me faltaba otra hora para llegar a mi trabajo.
“Bueno, podría ser peor”.
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Después del pisoteo y apretón diario que sufre mi cuerpo en el citado metro, salí de la estación y caminé al edificio donde seguramente me esperaba otra larga y pesada ronda de “soy-la-chica-nueva-tengo-muchos-pendientes-y-necesito-que-me-expliquen-cómo-hacerlos-porque-no-la-quiero-cagar-muchas-gracias”.
Le sonreí sin muchas ganas a los polis que están en la entrada del edificio, y me cuentan la excelente noticia de que el elevador no funciona y ahí me ven subiendo por las escaleras muuuuy despacio los diez pisos hasta las oficinas. Ya no podía ni caminar.

Llegué sofocada al Penthouse, abrí la puerta de cristal y sólo quería tumbarme en mi silla un momento. Caminé hasta mi lugar y entonces ahí estaba: su café. Humeante y listo, justo enfrente de su computadora. Me regresé a la entrada, esperando como tonta ahí parada durante unos minutos. Después caminé hacia mi lugar de nuevo y entonces sí, el lugar no estaba vacío. De haberme sentado antes no hubiera tenido oportunidad de saludarlo bien, así que pretendí que acababa de llegar y lo saludé con una sonrisa, un abrazo y un beso.

Olía bien, se veía un poco cansado pero con ánimos por comenzar sus actividades. Para mi buena fortuna, se sienta en la mesa de enfrente, y mi computadora no lo bloquea de mi vista.
En lo que dejaba mis cosas, el cansancio se me olvidó: su sonrisa de buenos días hizo que el trayecto valiera la pena.
———————————————-
“A ver, tengo que subir unas campañas y luego verificar que se publiquen los anuncios. Tengo que verificar que el tráfico de sitio esté correcto, mandar unas facturas a finanzas y escribirle un mail al proveedor para que tengamos llamada mañana a las 10”

Mi mesa estaba llena de notitas y apuntes. Este trabajo implica hacer algunas cosas nuevas y no la quiero regar.
Entonces lo miré, sólo un rato. Me gusta cómo se viste.
Alguien le dijo algo, se levantó y apoyó su mano en la mesa. También me gustan sus manos. No me vio pero estaba sonriendo como una tonta.
“Oye, los pendientes que tienes son para hoy, ¿eh?”
Sí ya sé, ya sé, méndiga vocecita interior. Abrí Adwords y seguí  trabajando.
———————————————-
Hubo un día que nos tocó comer juntos, afortunadamente en la oficina hay muchos fans del “eating-in-office” y puedo llevar comida de casa. Estábamos sentados los dos en la mesa, frente a frente.
“No puede ser posible que te tiemblen las piernitas cuando te habla si apenas tienes tan poco de conocerlo”
Y en realidad, desde la primera vez que lo vi llamó mi atención. Para que te atraiga alguien deben de juntarse dos factores: el físico y el de la personalidad.
Físico: Ok. Es alto, delgado, de ojos claros, piel blanca, cabello oscuro y barba (no mucha, pero justo la necesaria) Tampoco es grande la diferencia de edad, de unos cuantos años a lo mucho.
Personalidad: es buena onda, amable y atento.  Va bien pero le falta algo…
-Por cierto -me dijo- me gusta cocinar. Me relaja mucho. Hago unos platillos vegetarianos muy buenos (y no es por presumir)
Le gusta cocinar. Maldita sea.
Personalidad: Ya no le falta ése algo.
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“Es soltero” me dijo una fuente de confianza. Soltero, heterosexual (Dios, no me salgas con otro Ricky Martinazo por favor), buena onda, accesible, amable, trabajador.
Me preguntó que estaba haciendo y le mostré mi avance del día. Sonrió, debía de estar haciendo bien las cosas.
Fue en ese entonces que me di cuenta que si tenía una motivación puramente sentimental (alejada de toda la experiencia y lo que pudiera aprender en esta nueva etapa, que también me motiva) para ir a trabajar con ese trayecto y esas chingas diarias… debía ser él.
Supe que si me levantaba esperanzada todos los días era para verlo. Ahí fue cuando lo supe.
———————————————-
Hoy iba saliendo de la oficina y antes de irme lo volví a ver. Estaba absorto en su trabajo, y sólo alcancé a decirle “nos vemos mañana, que descanses”. Me miró y se despidió también.
Debieron ser tan sólo tres segundos o tal vez dos. Me quedé ahí parada viéndolo otra vez.
Tenía ganas de decirle algo, cualquier cosa… pero en lugar de eso me di la vuelta y caminé a la salida.

¿Saben? No estoy enamorada. Me gusta, sí. Mucho. Cada día descubro algo más de él que me gusta.
Tampoco he descuidado mi trabajo ni he dejado de aprender por estar viéndolo. Tampoco se ha dado cuenta.
Simplemente me gusta y si eso me sirve para acostumbrarme a esta nueva rutina, bienvenida sea la motivación extra.
Estamos tan cerca y tan lejos. Qué curioso.
Yo sé que es imposible. “Dile algo, invítalo a salir, anímate, no te quedes con las ganas de confesarle tus sentimientos” son algunos de los consejos que he recibido. Pero no puedo, porque estas cosas se guardan en una etiqueta muy definida en la vida, y ahí se quedan, regularmente. 

Ojalá fuera un compañero de trabajo más. Ojalá todo fuera tan fácil como decirle “oye, ¿te gustaría ir a algún lado el fin de semana?” O pedirle a alguien de la oficina que me investigue un poco más, pero desgraciadamente es más difícil que eso. 

Y es que cuando el que te gusta es tu jefe directo… bueno, las cosas tienden a etiquetarse de imposibles.

2015 DANY AWARDS

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Así es, queridos lectores. Este méndigo año se nos está yendo y por qué no, subámonos juntos al Tren del Mame de las listas recopilatorias.

Es la primera vez que se entregan los Dany Awards, así que les agradezco su atención y su presencia en tan importante evento. Sin más preámbulos… ¡comencemos!

La colaboración más chingona (y breve) del año: InMomentum. Si tienen chance, visiten la página de estos shavos. Por esas noches de pizza, albures y buena plática, muchas gracias niños. Los amo a todos (bueno, no a todos, pero ustedes me entienden). Algún día volveré MUAJAJAJA

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El mejor (y más inesperado) beso del año: Tú. Sí, ya sabes quién eres. No lees mi blog pero por si lo llegas a leer.

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El mejor viaje del año: Mi Buenos Aires querido… pude volver a ti junto con mi hermana, reencontrándome con personas muy queridas en mi vida. Argentina, tú y yo tenemos una historia de amor que nunca se terminará. Vos, allá lejos, y sho, aquí desconsolada extrañándote todos los días. Te amé, te amo y siempre te voy a amar.

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El viaje más raro del año: Ahí tienen a la teacher Dany Ren en algún punto remoto de la carretera Silao-León. Andrea, gracias por recibirme, por el viento heladísimo, por la bronquitis que me dio después de conocerte, y por las nuevas adquisiciones.

 

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La experiencia más sensual en un cine: Lamentablemente no fue con alguien, sino conmigo misma orgasméandome al ver High Rise, de Ben Wheatley. Ustedes me dirán por qué.

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Los “amigos emergentes” del año: Las Abaquito-girls Yess y Bren y el Abaquito-boy Luisfer. Los ex Abaquitos Om, Tan, Chesito, Diego, Eric, Ane y Bósquez. No pongo sus bellas caras aquí por derechos de autor, pero saben que mi vida es mucho más linda con ustedes en ella. *Aplausos*

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Los amigos incondicionales del 2015 (y por varios años consecutivos ya): Rosy, Oscar, Mike, Diana, Claudio, Lisandra, Bicho, Édgar, Juque, Rob, Monse, Carmen, Brenda, Edith, Rita, Gabo y todos los que me van a reclamar por no haberlos puesto: por el tiempo que hemos convivido (y con-bebido), por sus consejos, tiempo y dedicación… ¡premio para todos! Los amo.

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Las fotos más esperadas del año: empate entre las de mija Brenda Colín en Canadá (que casi nunca llegaban) y las de Messi sin calzones (que nunca llegaron)

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La MEJOR experiencia académica del año: Defender con éxito mi examen profesional.

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La PEOR experiencia académica del año: No saber que chingaos pasaba con el petróleo en mi examen profesional.

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El mejor equipo del año: El Barcelona, obvio. Duh!

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La mayor desilusión del año: Saludos, Arturo Sierra.

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El récord por no decir nada por quinto año consecutivo: Saludos, Miguel Angel Martínez.

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El perro más bello del año (por noveno año consecutivo): Kobu.

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Mención especial para Dany Ren por todo un año completo de soltería.

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… y el Balón de Oro es para: Messi.

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Con esto me despido del 2015. Muchas gracias por sintonizarnos, nos vemos dentro de un año (espero).

Buenas noches, y buena suerte.

21 de octubre del 2015.

Faltaban diez minutos para mi salida habitual del trabajo. Sí, lo reconozco, hoy me salí antes de mi hora. Siendo una persona en extremo metodológica, acostumbrada a cumplir con horarios y planes estrictos, podría haber parecido raro.

Sin embargo, todo fue por una razón especial. Hoy, 21 de octubre del 2015, hoy Dany Ren tenía una cita.

Luego les contaré cómo mis estudios relacionados con la teoría de la relatividad y demás trabajos de física dieron sus frutos y encontré la manera de enviar coordenadas algunos años al pasado. Ésos son aspectos técnicos que interrumpen el propósito de mi relato. Lo único que necesitan saber, queridos lectores, es que un adorable chico extranjero hizo un viaje muuuuy largo para poder encontrarme en Ciudad Universitaria, México, Distrito Federal, el 21 de octubre del 2015.

Tomé el metrobús y me bajé en la parada del Centro Cultural Universitario. Aquella zona no es muy concurrida y yo sabía que mi cita podía… “aterrizar” su vehículo cerca del Universum, donde las patrullitas de vigilancia de CU se dan sus vueltas una vez cada cinco años. Saqué el papelito que traía en mi bolsa con las coordenadas exactas y caminé hacia el lugar.

Cuando lo vi sentado enfrente de los arbustos que ocultaban su transporte, me sonrió y agitó la mano. Sí, lo admito, era lindo.

Nos saludamos con nerviosismo, me dijo que nunca había estado en México antes y que no estaba muy confiado de dejar el auto en ese lugar: “No es mío, es de un muy buen amigo y si le llegara a pasar algo… me mata”.

-Nah, no hay bronca. Déjalo ahí, estará bien. Vamos a caminar un rato, ¿quieres?

A mi acompañante le encantó la tranquilidad del lugar. Me advirtió que tenía novia pero que la posibilidad de conocerme le entusiasmaba. “Podríamos ser amigos” me dijo. Genial, la historia de mi vida.

Nuestro paseo transcurrió en calma, disfrutando del atardecer en Ciudad Universitaria y conociéndonos mejor.

-Nunca pensé que fueras a venir a México. ¿Cuánto tiempo te hiciste desde Hill Valley?

-Volando haces como dos horas y media.

-¡Wow! Gracias por tomarte tu tiempo.

-El tiempo es bastante relativo, ¿sabes? Eso lo aprendí de mi amigo.

-Y bueno… ¿qué tal? ¿Te gusta el futuro?

-Nunca había estado en México, así que no sé en realidad cómo se suponía que era en el pasado. Pero encendí la radio mientras viajaba hacia acá y déjame decirte algo, la música es una cosa extremadamente extraña.

-¿De verdad?

-Sí, y eso que yo vivo en los 80’s. Toco la guitarra en mis ratos libres. ¿Sabías que conocí al primo de Chuck Berry?

-¿De verdad?

-Sí, yo fui el primero en toda la historia en tocar una de sus canciones más famosas.

-Deberían haberte pagado regalías.

-Las personas hablan de reality shows, de páginas en… ¿Facebook?, videos en… ¿YouTube? y una cosa que se llama Twitter. Así, como si fueras un pájaro. Es extraño.

-Sí, hemos desarrollado la increíble manera de generar plataformas por internet que nos alejan de las personas que tenemos más cerca.

-Eso del internet es rarísimo. ¡Y mira a los chicos de allá! No quiero sonar como mi mamá ni nada de eso pero deberían de prestar más atención cuando cruzan las calles en lugar de tener esas pantallitas pegadas a la cara todo el tiempo.

-Bueno, te acostumbras después de un rato. Terminas por creer que tu realidad está en las pantallitas.

-Qué extraño. También me parece que Biff se está postulando para la presidencia de los Estados Unidos, ¿puedes creerlo?

-¿Biff? ¿Quién es Biff?

-Un imbécil. Un loco narcisista que tiene muchísimo dinero porque le apostó siempre a los ganadores gracias a que…

-Ahhh… Biff. Sí, ya sé quién. Pero creo que se cambió el nombre.

-Sí, porque sabía que algún día vendría a buscarlo y como es un idiota, pensó que cambiándose el nombre e inventando toda una historia familiar me iba a confundir. Pero sé que es él.

-Oye… ¿el presidente actual de los Estados Unidos no tiene nada que ver con el alcalde de tu ciudad?

-Creo que son primos lejanos o algo así. Toda la familia de Goldie Wilson siempre ha tenido aspiraciones políticas muy grandes, por lo que veo.

Me tomé un momento para mostrarle mi teléfono celular, explicarle qué es Google y enseñarle cómo se toma una selfie.

-Apuesto a que tienes muchas preguntas que hacerme sobre la actualidad. ¿Algo en particular? ¿Quieres saber cuál es el tiempo estimado que le resta de vida a la Tierra? ¿Cuántas especies animales ya no existen? ¿Si ya hay cura para el cáncer? ¿Qué demonios es Netflix?

-Creo que no quiero saber nada.

-¡¿Estás loco?! Si yo conociera a una persona del futuro no hubiera dejado de hacerle preguntas.

-Sí pero… ¿cuál sería el punto de vivir si ya sabes lo que va a suceder? ¿Dónde queda la emoción?

-Podrías saberlo para intentar cambiarlo.

-Me metí en muchos problemas intentando arreglar algo que cambié en el pasado. Creo que todo eso me llevó a darme cuenta de que si quieres evitar algo, debes hacerlo en el momento, ¿sabes?. El tiempo es relativo, el pasado y el futuro… todo eso. Es algo que un ser humano no debería ser capaz de modificar, ni siquiera de conocer. Todo cambio que hagas, por pequeño que sea, puede que te salve a ti, pero siempre va a tener una consecuencia sobre alguien más.

“Lo único que quiero es volver a casa, disfrutar de mi vida normal y esperar por el futuro. Mientras más incierto, mejor. La emoción ahí estará, las cosas volverán a ser nuevas otra vez y cualquier cosa que haga por el porvenir lo haré de manera más consciente, en MI presente. Creo que no es un plan tan malo”

Sinceramente, era un plan bastante aceptable. Él tenía razón, no deberíamos ser capaces de perder nuestra capacidad de asombro, de darnos cuenta de que el presente es lo único seguro que tenemos. El futuro es pura imaginación, humo y nada más. Tenemos que concentrarnos en el AHORA.

Es verdad: al menos para mi, el futuro sigue siendo un misterio. Y pensar en eso me emocionó.

-Tienes que probar la comida mexicana antes de irte. Puedes llevarle unos tacos a tu amigo, el dueño del auto.

-Creo que al Doc le encantaría un buen plato de comida extranjera. Sí, México se ve bien. El clima… ¿no está tan mal, sabes? Acá no llueve y deja de llover en sólo cinco minutos.

-Se nota que no vives aquí. Últimamente ha estado haciendo mucho frío.

-Es espantoso cuando hace frío. Odio sentir ésa sensación de escalofrío en los músculos. ¿Te imaginas sentir temblores en tu cuerpo todo el día, todo el tiempo? Debe de ser horrible.

No supe qué contestar. El sol se ponía en el horizonte y el viento sopló, una fresca brisa invadió el aire e involuntariamente tomé su brazo. Nos acercábamos a la estación de metrobús.

-Oye Marty… ¿quieres ir al cine?

-¡Claro! Estaría genial. ¿Tienen la de Tiburón 19?

-No, pero hay una peli de terror que dicen que es buena.

-¿De terror? -su estremecimiento fue visible- ODIO las películas de terror.

Solté su brazo y me adelanté, sonriendo.

-No pasa nada. Podemos seguir platicando, conseguir algo de combustible para el DeLorean y mostrarte cuál es el “horror” actual en el cine.

¡Vamos, McFly! Apúrate, tenemos mucho por hacer. No seas gallina.

Buscando…

No estoy dormida, no.
No estoy desaparecida.
No me he ido.
A veces me da la impresión de estar sentada esperando a que la inspiración llegue.
Y a veces llega, a veces un día te sorprende con motivos para escribir.
Pero la inspiración es canija, y no le gusta andar rogando. Quiere que la busques y que vayas por ella (porque se siente deseada, se sabe difícil y no le ruega a nadie).
Así que allá vamos los creadores, detrás de ella.
Buscándola, siempre buscándola.

Pongámonos serios: Hablemos de dinosaurios.

Me imagino que todo mundo a estas alturas ya vio Jurassic World. Si usted, querido(a) lector(a) no la ha visto, tiene tres opciones:

1. Dejar de leer esta entrada. Y si es así, nos vemos, gracias por haber pasado a saludar. Beso.

2. Seguir leyendo solamente para detenerse en la advertencia de “Aquí empiezan los spoilers”, nomás para enterarse de la influencia de los dinosaurios en mi niñez.

3. Leer la entrada completa aunque vengan spoilers porque de ninguna manera eso afectaría su experiencia en el cine o en su tele donde vea la película en formato pirata.

Si ya vio la película, entonces lea la entrada completa sin remordimientos. Es más, agradeceré sus comentarios y su opinión respecto a la película que rompió récord de taquilla a nivel mundial.

Comenzaré diciendo que (al igual que millones de personas) Jurassic Park fue una de las películas que marcó mi niñez de manera absoluta (junto con Toy Story). Todos los que vimos esa película cuando éramos unos mocosos quisimos ser paleontólogos o viejitos con harta lana para tener dinosaurios en nuestro jardín. Incluso dejamos de matar mosquitos en la noche por si algún día una civilización más avanzada quería empezar a “revivir” humanos.

Uno de mis primeros juguetes (y de los más amados) fue un T-Rex. Imagínense a la pequeña Dany de tres años haciendo su cartita a los Reyes y en lugar de pedir Barbies y ositos de peluche como las otras niñas, lo que llegó al árbol de navidad fue un dinosaurio que me acompañó en muchas aventuras y que hasta el día de hoy, todavía guardo:

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El pobre Señor T-Rex está despintado, se le borraron los ojos y le falta un pedazo de la cola porque me lo comí.

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Todos a los que les agarró la “Fiebre Jurásica” me entenderán, y por supuesto que estarán de acuerdo conmigo que cuando anunciaron el estreno de ESTO:

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Se pusieron ASÍ:

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Jurassic World era uno de los estrenos más esperados para mi de este año. No saben las ganas que tenía de verla y todas las cosas que imaginaba podrían suceder. Me sudaban las manos cuando entré a la sala, se apagaron las luces y me agarré al asiento de pura emoción, oí la musiquita épica de John Williams y casi lloré… y cuando por fin se encendieron las luces y salí de la sala, mi cara era ésta:

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Me llevé una enorme decepción. La película NO ME GUSTÓ. Claro, si ya sabía que era demasiado bueno para ser cierto.

AQUÍ EMPIEZAN LOS SPOILERS

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AQUÍ EMPIEZAN LOS SPOILERS

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AQUÍ EMPIEZAN LOS SPOILERS

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Ok, ahora sí, comencemos:

1. El dinosaurio y no el hombre, es el malo. Aunque a la peli quisieron meterle a InGen como las mentes macabras detrás de todo el problemita, al final tanto ellos como “los buenos” se unieron con un objetivo en común: matar a la linda pero temperamental Indominus Rex.
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Aquí el problema es que en lugar de dar a entender que las criaturas prehistóricas NO tienen la culpa de ser las atracciones de un enorme zoológico, refuerzan la idea de “el animal está loco. Mátenlo”. Hay sólo una milésima parte en la película donde de verdad se siente la carga moral en los seres humanos, después de eso solo es “mata al monstruo, mata al monstruo, mata al monstruo”.

2. Y hablando del monstruo… ¿Indomi nació mala? ¿Por qué es una asesina despiadada? ¿Le metieron el “gen de la maldad”? Se comió a su hermana, se comió a más personas, mataba por diversión… ¿para qué? ¿por qué? ¿La hicieron mala a propósito? Si ésa es la verdadera razón, nunca lo aclaran y la cuestión queda en el aire: ¿POR QUÉ era mala? ¿Que acaso el instinto de carnívoro depredador es malo? ¡Es la cadena alimentaria! Mencionan que el animalito era demasiado inteligente para ser un dinosaurio. Entonces… ¿la inteligencia en animales salvajes se traduce en maldad?

3. Ahora bien, si Indomi era un animal inteligente… ¿por qué no aprovechaba su camuflaje para huir? Digo, pudo haberse dado cuenta de que no la iban a dejar en paz hasta matarla. Si era el dinosaurio TAN inteligente que decían, creo que tendría que haber huido. ¡Ah! pero no. Todo lo contrario: hizo todo lo necesario para que la encontraran y la mataran. O sea, sí es un dinosaurio inteligente pero no tanto.

4. Hablando de los dinosaurios en general, se ven MUY falsos. Sí, claro, los efectos especiales están padres y todo pero extrañé a los animatronics. Extrañé muchísimo esa sensación de que lo que veías en pantalla VERDADERAMENTE existía. Una de las grandes cosas que tenía la trilogía original (con todo y que la segunda y tercer películas fueron un asco) es que parecía que los dinosaurios eran reales. Claro, en esos tiempos no teníamos los efectos de ahora, pero esta película ya no me emocionó. La tecnología le ganó a los clásicos y se murió la magia, lo siento.

5. Hablando de los dinosaurios en específico… ¿POR QUÉ CARAJOS TENÍAN QUE TRATAR A LAS VECIRAPTORAS COMO PERRAS AMAESTRADAS? ¡Qué horror! ¡No chinguen! Si estos animalitos eran de lo más cool que ofrecían las peliculas. Olvídense de la T-Rex, de la Spigosaurio de la tercer película… meras principiantes comparadas con las chicas Ráptor. ELLAS eran las verdaderas badasses de las películas. Y en esta nueva entrega pues… mejor se los muestro en imágenes:

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       Velociraptores en las películas anteriores
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            Velociraptores en Jurassic World

Tal cual. ¿Horrible, verdad?

6. Y hablando de las Ráptor… ¿Por qué a fuerzas tienen que ser buenas? ¿Por qué al final caemos en el estúpido cliché de “los dinosaurios nos salvan”? Recordemos el final: la T-Rex y la Ráptor dejan moribunda a Indominus y la enorme Mosasauria se la acaba cenando. ¡Es horrible! ¡Es una barbaridad! Repito lo que escribí anteriormente: los animales NO tenían la culpa de que a los seres humanos se les ocurrió jugar a que eran Dios. En lo personal, la película hubiera sido mil veces más interesante si los dinosaurios se dieran cuenta del verdadero villano en la historia (los humanos) y se rebelaran: escapándose, ayudándose como especie. ¿Qué tal que la Indomi hubiera aprovechado su “inteligencia” para eso? Entonces la Katniss Rex hubiera iniciado una rebelión, convirtiéndose en el dinosaurio en llamas, y los animalitos hubieran apuntado sus armas contra el Capitolio y… ok, creo que ya crucé cables, lo siento. Ustedes me entienden, pues.

Captura de pantalla 2015-06-21 a las 2.33.22 p.m.
                              The Jurassic Games

7. Al final los pobres animales terminaron muertos por culpa de la santa voluntad de los humanos. Sí, también hubo bajas humanas pero no se compara con el impacto de ver a los verdaderos héroes de la película matarse entre ellos por causas completamente ajenas.

8. Y hablando de las causas, debemos de reconocerlo: Jurassic World es una película sobre un conflicto puramente humano, usando dinosaurios de pretexto. Que si querían utilizarlos como armas, que si el científico chinito nos traicionó, que si los patrocinadores del parque… o sea, quisieron darle tanta profundidad a la trama que acabaron haciendo una cinta donde se expone la ambición y la idiotez humana, mostrando un par de dinosaurios “para que se vea cool”.

9. La moraleja de esta película es: los humanos siempre se salen con la suya. Muéranse, animalitos prehistóricos, nos vale madres: nosotros como especie superior siempre tendremos un final feliz. ¿Por qué no fue diferente? ¿por qué la peli no terminó con los seres humanos muertos y los dinos en paz y sueltos en la isla? ¿Por qué el 80% de los visitantes se salvó y el 80% de los dinosaurios terminó muerto? Ésa sensación de respeto y de no meterte en lo que no entiendes simplemente desapareció.

10. Y por si todo esto no fuera suficiente… No esperen que me crea que Claire se metió en la selva, caminó por horas y corrió tratando de salvar su vida con ésos tacones puestos TODO el tiempo. No sean ridículos, por favor.

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Eeeeen fin, al Señor T-Rex y a mi nos gustaría saber si también la odiaron o si creen que fue lo más increíble que han visto sus ojos, mis queridos lectores. ¡Hasta la próxima!