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21 de octubre del 2015.

Faltaban diez minutos para mi salida habitual del trabajo. Sí, lo reconozco, hoy me salí antes de mi hora. Siendo una persona en extremo metodológica, acostumbrada a cumplir con horarios y planes estrictos, podría haber parecido raro.

Sin embargo, todo fue por una razón especial. Hoy, 21 de octubre del 2015, hoy Dany Ren tenía una cita.

Luego les contaré cómo mis estudios relacionados con la teoría de la relatividad y demás trabajos de física dieron sus frutos y encontré la manera de enviar coordenadas algunos años al pasado. Ésos son aspectos técnicos que interrumpen el propósito de mi relato. Lo único que necesitan saber, queridos lectores, es que un adorable chico extranjero hizo un viaje muuuuy largo para poder encontrarme en Ciudad Universitaria, México, Distrito Federal, el 21 de octubre del 2015.

Tomé el metrobús y me bajé en la parada del Centro Cultural Universitario. Aquella zona no es muy concurrida y yo sabía que mi cita podía… “aterrizar” su vehículo cerca del Universum, donde las patrullitas de vigilancia de CU se dan sus vueltas una vez cada cinco años. Saqué el papelito que traía en mi bolsa con las coordenadas exactas y caminé hacia el lugar.

Cuando lo vi sentado enfrente de los arbustos que ocultaban su transporte, me sonrió y agitó la mano. Sí, lo admito, era lindo.

Nos saludamos con nerviosismo, me dijo que nunca había estado en México antes y que no estaba muy confiado de dejar el auto en ese lugar: “No es mío, es de un muy buen amigo y si le llegara a pasar algo… me mata”.

-Nah, no hay bronca. Déjalo ahí, estará bien. Vamos a caminar un rato, ¿quieres?

A mi acompañante le encantó la tranquilidad del lugar. Me advirtió que tenía novia pero que la posibilidad de conocerme le entusiasmaba. “Podríamos ser amigos” me dijo. Genial, la historia de mi vida.

Nuestro paseo transcurrió en calma, disfrutando del atardecer en Ciudad Universitaria y conociéndonos mejor.

-Nunca pensé que fueras a venir a México. ¿Cuánto tiempo te hiciste desde Hill Valley?

-Volando haces como dos horas y media.

-¡Wow! Gracias por tomarte tu tiempo.

-El tiempo es bastante relativo, ¿sabes? Eso lo aprendí de mi amigo.

-Y bueno… ¿qué tal? ¿Te gusta el futuro?

-Nunca había estado en México, así que no sé en realidad cómo se suponía que era en el pasado. Pero encendí la radio mientras viajaba hacia acá y déjame decirte algo, la música es una cosa extremadamente extraña.

-¿De verdad?

-Sí, y eso que yo vivo en los 80’s. Toco la guitarra en mis ratos libres. ¿Sabías que conocí al primo de Chuck Berry?

-¿De verdad?

-Sí, yo fui el primero en toda la historia en tocar una de sus canciones más famosas.

-Deberían haberte pagado regalías.

-Las personas hablan de reality shows, de páginas en… ¿Facebook?, videos en… ¿YouTube? y una cosa que se llama Twitter. Así, como si fueras un pájaro. Es extraño.

-Sí, hemos desarrollado la increíble manera de generar plataformas por internet que nos alejan de las personas que tenemos más cerca.

-Eso del internet es rarísimo. ¡Y mira a los chicos de allá! No quiero sonar como mi mamá ni nada de eso pero deberían de prestar más atención cuando cruzan las calles en lugar de tener esas pantallitas pegadas a la cara todo el tiempo.

-Bueno, te acostumbras después de un rato. Terminas por creer que tu realidad está en las pantallitas.

-Qué extraño. También me parece que Biff se está postulando para la presidencia de los Estados Unidos, ¿puedes creerlo?

-¿Biff? ¿Quién es Biff?

-Un imbécil. Un loco narcisista que tiene muchísimo dinero porque le apostó siempre a los ganadores gracias a que…

-Ahhh… Biff. Sí, ya sé quién. Pero creo que se cambió el nombre.

-Sí, porque sabía que algún día vendría a buscarlo y como es un idiota, pensó que cambiándose el nombre e inventando toda una historia familiar me iba a confundir. Pero sé que es él.

-Oye… ¿el presidente actual de los Estados Unidos no tiene nada que ver con el alcalde de tu ciudad?

-Creo que son primos lejanos o algo así. Toda la familia de Goldie Wilson siempre ha tenido aspiraciones políticas muy grandes, por lo que veo.

Me tomé un momento para mostrarle mi teléfono celular, explicarle qué es Google y enseñarle cómo se toma una selfie.

-Apuesto a que tienes muchas preguntas que hacerme sobre la actualidad. ¿Algo en particular? ¿Quieres saber cuál es el tiempo estimado que le resta de vida a la Tierra? ¿Cuántas especies animales ya no existen? ¿Si ya hay cura para el cáncer? ¿Qué demonios es Netflix?

-Creo que no quiero saber nada.

-¡¿Estás loco?! Si yo conociera a una persona del futuro no hubiera dejado de hacerle preguntas.

-Sí pero… ¿cuál sería el punto de vivir si ya sabes lo que va a suceder? ¿Dónde queda la emoción?

-Podrías saberlo para intentar cambiarlo.

-Me metí en muchos problemas intentando arreglar algo que cambié en el pasado. Creo que todo eso me llevó a darme cuenta de que si quieres evitar algo, debes hacerlo en el momento, ¿sabes?. El tiempo es relativo, el pasado y el futuro… todo eso. Es algo que un ser humano no debería ser capaz de modificar, ni siquiera de conocer. Todo cambio que hagas, por pequeño que sea, puede que te salve a ti, pero siempre va a tener una consecuencia sobre alguien más.

“Lo único que quiero es volver a casa, disfrutar de mi vida normal y esperar por el futuro. Mientras más incierto, mejor. La emoción ahí estará, las cosas volverán a ser nuevas otra vez y cualquier cosa que haga por el porvenir lo haré de manera más consciente, en MI presente. Creo que no es un plan tan malo”

Sinceramente, era un plan bastante aceptable. Él tenía razón, no deberíamos ser capaces de perder nuestra capacidad de asombro, de darnos cuenta de que el presente es lo único seguro que tenemos. El futuro es pura imaginación, humo y nada más. Tenemos que concentrarnos en el AHORA.

Es verdad: al menos para mi, el futuro sigue siendo un misterio. Y pensar en eso me emocionó.

-Tienes que probar la comida mexicana antes de irte. Puedes llevarle unos tacos a tu amigo, el dueño del auto.

-Creo que al Doc le encantaría un buen plato de comida extranjera. Sí, México se ve bien. El clima… ¿no está tan mal, sabes? Acá no llueve y deja de llover en sólo cinco minutos.

-Se nota que no vives aquí. Últimamente ha estado haciendo mucho frío.

-Es espantoso cuando hace frío. Odio sentir ésa sensación de escalofrío en los músculos. ¿Te imaginas sentir temblores en tu cuerpo todo el día, todo el tiempo? Debe de ser horrible.

No supe qué contestar. El sol se ponía en el horizonte y el viento sopló, una fresca brisa invadió el aire e involuntariamente tomé su brazo. Nos acercábamos a la estación de metrobús.

-Oye Marty… ¿quieres ir al cine?

-¡Claro! Estaría genial. ¿Tienen la de Tiburón 19?

-No, pero hay una peli de terror que dicen que es buena.

-¿De terror? -su estremecimiento fue visible- ODIO las películas de terror.

Solté su brazo y me adelanté, sonriendo.

-No pasa nada. Podemos seguir platicando, conseguir algo de combustible para el DeLorean y mostrarte cuál es el “horror” actual en el cine.

¡Vamos, McFly! Apúrate, tenemos mucho por hacer. No seas gallina.

Buscando…

No estoy dormida, no.
No estoy desaparecida.
No me he ido.
A veces me da la impresión de estar sentada esperando a que la inspiración llegue.
Y a veces llega, a veces un día te sorprende con motivos para escribir.
Pero la inspiración es canija, y no le gusta andar rogando. Quiere que la busques y que vayas por ella (porque se siente deseada, se sabe difícil y no le ruega a nadie).
Así que allá vamos los creadores, detrás de ella.
Buscándola, siempre buscándola.

Ventana mundana.

No, yo no. Yo no lo prefiero así.

Y sin embargo… así lo tengo: está fuera de foco, inalcanzable. Lamentablemente así es.

El está irreversible, completamente intocable.

Mis esperanzas caen lentamente. Ya no soy yo. Ahora… soy una espía, una espectadora de la victoria de alguien más.

Y la realidad: desgarrándome como un ventilador a toda velocidad. Como si me dijera “¡Despierta niña!, acéptalo y olvídate”.

No sé si le excite pensar hasta donde llegaré.

Y mientras tanto, yo me hago la víctima. ¿Es difícil de creer? Creo que él nunca lo podrá saber.

Sólo así yo lo veré, a través de la ventana mundana, frívola, terrenal y vana que privilegia todo aquello relacionado con la buena vida (aunque sólo sea producto de la imaginación)

Son una condena desagradable los instantes previos a verlo. Son un desgaste y una necesidad.

Es puro deseo.

Y soy sincera: he pasado del punto en el que podría dejarlo ir. Ya no estoy al borde de la cornisa. Más bien ya me caí. A pesar de que sentía miedo, seguí sonriendo y me fui directo al suelo, pero supongo que así es cuando no te corresponden.

No sé si le excitaría pensar hasta donde he llegado. Es difícil de creer que me dé por vencida, pero creo que la batalla está perdida. La guerra aún no.

¿Hubiera hecho lo mismo él? Si él hubiera estado en mi lugar… ¿se rendiría? ¿pelearía? ¿lo confesaría? Creo que nunca lo podré saber.

Sólo así, yo lo veré: a través de aquella ventana mundana.

Lo que pueda suceder nadie lo sabe. No gasten fuerzas para comprenderlo. No sientan lástima. Simplemente a veces se gana y a veces se pierde.

Mientras tanto, sólo así yo siempre lo veré: a través de la ventana mundana de las fantasías. De MIS fantasías…

… y nada más.

Ésos son los más peligrosos.

Nunca te fijes en un hombre que escribe, ésos son los más peligrosos.

No es necesario que te endulcen el oído con promesas cargadas de buenas intenciones, pero que solamente después de un tiempo revelan su verdadero valor.

Tampoco es necesario que salgas con ellos, o que estés obligada a pasar momentos incómodos donde el silencio se hace más grande que la propia conversación. Ni siquiera hay necesidad de salir cuando lees sus textos. Inclusive a la distancia, llegas a conocerlo, tal vez no un conocimiento profundo (ése no se logra nunca) pero un conocimiento al fin y al cabo.

No te fijes en un hombre que no tiene miedo a escribir lo que piensa, lo que siente, lo que le apasiona, lo que le enoja y lo que lo frustra. Ésos son los más peligrosos porque se están desnudando ante tus ojos sin que puedas hacer nada por evitarlo.

Existen hombres que escriben y que además, se atreven a tomar una guitarra para expresar sus palabras mortales (o las de alguien más). Ésos son los más peligrosos: al sumar habilidad (y gusto) musical con un talento (y gusto) para escribir obtienes una combinación explosiva.

Los hombres que combinan cuadernos, café y cigarros… ésos no pasan como si nada. Ésos son creadores, tienen el poder de destruir, son mortales… los más peligrosos.

Claro que la posibilidad de fijarte en un hombre así siempre es una elección personal. En mi caso, pude haber ignorado sus textos, pensar que se trataba de otro compañero de letras más, sin nada especial… pero no. Caí y leí y ahora no sé que hacer. Supo llegarme por mi punto débil, sin querer (y simplemente escribiendo) cautivó mi imaginación. Y aunque yo leía lo que una musa desconocida le inspiraba, mi mente ávida de palabras se enganchaba irremediablemente.

No hubo necesidad de fijarme en otros detalles. La sonrisa honesta, los ojos verdes… todo eso quedó oculto tras la pantalla de bienvenida de su blog.

¿Alguna vez han seducido a alguien únicamente con lo que escriben? ¿Han sido víctimas o victimarios? ¿Alguna solución?

Tal vez es inevitable: una cuestión del destino o la mala fortuna. Mientras existan historias que contar y musas particulares que las inspiren, mis sentimientos se verán seriamente comprometidos a volver a caer por escritores desconocidos (o casi desconocidos. No muy bien conocidos pero cercanos, a fin de cuentas)

Mi consejo, sin embargo, permanece: no te fijes nunca en un hombre que escribe, que escribe bien, y que para acabarla de chingar… le escribe a alguien más.

Ésos son los más peligrosos. escribir_a_mano

¡Salud por los amores imposibles!

Todos hemos tenido un amor platónico. Sí, no se hagan, ya saben a qué me refiero: ése gusto y/o cariño por alguien que (de manera consciente) saben nunca será su pareja sentimental: nunca se agarrarán románticamente de las manitas, ni se mirarán a los ojos como si el mundo entero les valiera madre, ni se dirán cositas ridículas o se la pasarán hablando horas y horas sobre lo mucho que se aman. Es un imposible pues.

No sé por qué me ha dado por escribir sobre amores platónicos en esta entrada. Será porque ya se me va uno, o porque he estado reflexionando sobre el tema y aún así no logro entender por qué nos aferramos a sentir cosas por quien sabemos nunca va a poder estar con nosotros (o tal vez sí, pero no en este momento… o en los próximos meses… o en esta vida).

Para como veo las cosas, existen dos tipos de amores platónicos: los A y los B.

Amores Platónicos Tipo A:

Los top del top del top. Una mujer, hombre (o los dos, hay varios al mismo tiempo) que está total, completa y ABSOLUTAMENTE fuera de nuestro alcance. Esto debido a que:

-vive en otro país

-es mundialmente famoso(a)

-tiene muchísimo dinero

-ni siquiera nos conoce (ni le interesa)

-está casado(a), tiene novio(a) o hijos

Métase en esta categoría a actores, actrices, deportistas, cantantes y cuanta cosa exista en el estrellato internacional. Parecería ridículo mencionar esta categoría pero existe, y a TODOS nos afecta. Llámenlo aspiración, llámenlo simple y contundente atracción, pero estos Amores Platónicos Tipo A forman parte indiscutible de nuestras preferencias, sueños y fantasías… y traumas, la neta. Ahí es cuando empezamos a preguntarnos por qué carambas nacimos en otro país, o elegimos mal nuestra profesión, o no nos fuimos a Hollywood cuando aún teníamos sueños y esperanzas por delante.

Pa’ muestra, algunos míos:

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HERMOSOS Y NO SE DIGA MÁS.

Amores Platónicos Tipo B:

Los que no están TAAAAAAAAAAAAN lejos (nomás tantito). Una mujer, hombre (o los dos, hay varios al mismo tiempo) que no pueden ser nuestro cuchurrumín en estos momentos debido a que:

-es mayor que nosotros (o más chico)

-está casado(a), tiene novio(a) o hijos

-nos mandó a la FriendZone

-se van a vivir a otro lado… *llora*

Amores platónicos de este tipo abundan y me parece que el nivel de daño que provocan es mucho peor que el de los tipos A. Porque mientras que con el tipo A te resignas a que Scarlett Johansson jamás de los jamases te va a acompañar a la comida familiar, con el tipo B conoces a la persona y aún te queda una pequeñísima (o grande, depende del daño cerebral que tengas) esperanza de que algún día se casen y engendren prole.

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¡Nah! Ni crean que me voy a meter a su FBK, descargar una foto suya y ponerla aquí para ejemplificar el Tipo B.

¿Está mal tener amores platónicos? No, para nada. Al contrario, me parece algo inevitable. No puedes evitar que una persona (ya sea Tipo A o Tipo B) te guste, eso es algo que sucede de manera natural (a algunos esa experiencia los chinga más que a otros, pero SIEMPRE pasa)

¿Eres infiel si tienes un amor platónico mientras andas con alguien más? Hablo del Tipo B, obviamente. Tipos A SIEMPRE va a haber (y mientras más haya, más Forever Alone vas a estar).

En mi opinión la “infidelidad de pensamiento” es inevitable. OJO, no se vale estarse imaginando con el amor imposible mientras estás con tu pareja, pero sí se vale sonreír cuando lo/la recuerdas. A pesar de que tengas novio(a) y estés sumamente enamorado, sabes que siempre que veas una foto o te acuerdes de dicho amor platónico vas a sonreír y nunca dejarás de sentir algo especial. No se trata de usar a tu pareja como último recurso, MUCHO MENOS como resignación, sino de saber que tu amor imposible anda por algún otro lugar de este mundo y desearle de corazón que si no se te hizo con él/ella, al menos haya encontrado la felicidad con otra persona. Y se resume en eso, precisamente: desearle de corazón a esa persona que sea feliz (porque se supone que ya encontraste a alguien más que también te hace feliz… o ya aprendiste a ser feliz contigo mismo aunque no tengas a alguien al lado).

Tener un amor platónico, un amor imposible, es parte de vivir (que cuuuuuuursi se oyó eso, ustedes disculpen). Así que disfruten los suyos, no se sientan tan mal y ya saben lo que dicen:

Si lo amas, déjalo ir. Si regresa… tú sabes si le sigues intentando hasta que lo hartes o renuncias por la paz.

Si no regresa… pues deséale lo mejor. Ya qué.

Que tengan lindo día y ¡salud por los amores platónicos!

Ésos pantalones “aguados”

ODIO, ODIO salir a la calle con pantalones que “se me ven bien”.

Sí, ya sé que esto puede sonar extraño, así que dejen les explico. Cada vez que salgo a la calle con unos pantalones nuevecitos y favorecedores (pegaditos al cuerpo, resaltando lo poquito pero bueno que la naturaleza me dio) me dan ganas de quedarme sentada en la calle y no volverme a levantar. Odio caminar con el delirio de persecución de que toda la ciudad me voltea a ver cuando paso delante de ellos.

Cuando uso mis pantalones “aguados” es otra historia. Ésos pantalones viejitos, deslavados, feos y que se me caen porque me quedan grandes son poderosos. Son mágicos. No se nota en dónde termina la cintura. Me veo más plana que una tabla y es grandioso.

DETESTO el acoso callejero. DETESTO que me vean las nalgas.

Confieso, no me hago la santa: yo también he llegado a ver así a ciertas personas. Escudándome en el razonamiento de “si ellos lo hacen, ¿por qué yo no?” he formado parte del acoso callejero (sólo viendo, tranquilos, NUNCA le he dicho algo a alguien ni lo pienso hacer). Sí, yo sé que son inevitables las ganas de mirar a un hombre atractivo o mujer muy guapa, y si es inevitable… ¿cómo detenerlo? ¿cómo hacer que deje de suceder? O de plano estoy deseando cosas imposibles.

No me gusta, ODIO salir con pantalones o faldas que resalten mi figura. He llegado incluso a recurrir a la técnica de acomodarme la mochila/bolsa para que cuando quieran verme el trasero, vean mi linda mochilita blanca en su lugar (y he querido escribirle una notita de “Voltea a ver a tu madre, idiota”). También me amarro los suéteres a la cintura como cuando iba a la secundaria (y se ve muy ridículo, lo sé) o uso chamarras largas largas que me llegan hasta los pies (aunque me vaya asando en el transporte público).

Lo crean o no, y aunque suene estúpido, el tener algo que no permite que se vea la forma de mi trasero me hace sentir segura. Como más confiada cuando salgo a la calle (sí, es tonto, ya sé, pero así me hace sentir).

Ahora que… depende el contexto, claro. Cuando voy a ver al chavo que me gusta, o a una fiesta, o una reunión importante, pues claro que quiero que me vean. Nada de ocultar nada. Pura ropa favorecedora pa’ verme bien. Y nunca falta que después de esas reuniones, me ponga el suéter más largo que tenga para irme de regreso a casa.

Deberíamos de vestirnos PARA NOSOTROS, no para lo que los ojos o las palabras de los demás. Les juro que tengo admiración por las chicas que se atreven a salir a la calle en minifalda, o vestido, o con escotes. Cada vez que las veo (no en forma perversa, simplemente porque se ven bien) pienso “¿Ya ves? No pasa nada, a muchas les vale madres que las anden viendo. Vístete mejor, por favor” y cuando pienso que ropa me pondré al siguiente día, agarro los pantalones nuevos que me hacen linda forma y me armo de valor para salir al mundo sin bolsas larguísimas ni suéteres ni nada. Es un nuevo día y Dany Ren se siente sexy, confiada y bien. Agarra las llaves y sale lista para conquistar el mundo…

…aunque cuando salgo a la calle y no falta el idiota al que se le pegan los ojos en mis pompas… sí, en ése momento me dan ganas de ponerme otra vez ésos pantalones “aguados”.

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