Crónica de un sueño monstruoso.

Creo que llevaba alrededor de unas cuatro horas durmiendo profundamente cuando me desperté porque sentí (y oí) un ruido extraño en mi estómago. Bueno, en realidad no era del todo extraño: fue el típico crujido de tripas que sientes cuando llevas mucho tiempo sin comer y que a veces te ataca a altas horas de la madrugada, como en esta ocasión. Tenía mucho frío y mucha pereza para levantarme y bajar a la cocina a comer algo, así que traté de dormirme de nuevo.

Grrrrrrrr…grrrrrr… grrrrrr…

Diez minutos después mi estómago seguía reclamándome que no iba a dejarme dormir hasta que lo alimentara, así que me levanté despacio y bajé los escalones de mi litera. Algo estaba mal, fuera de lugar, lo podía sentir. Me movía como si estuviera en cámara lenta y cuando por fin puse los dos pies en el piso descubrí que todo a mi alrededor estaba borroso, en medio de una extraña bruma.

Antes de que pudiera entender con exactitud lo que estaba pasando, algo se movió en la esquina de mi habitación. Di unos pasos en esa dirección y descubrí sentada en mi sillón a una criatura grande de color negro, peluda, con brazos largos, manos que terminaban en garras, ojos brillantes de color rojo y una boca que al sonreír mostraba diminutos colmillos.

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Miedo, demonios, espíritus chocarreros y el eterno debate entre el bien y el mal.

Cuando estoy en casa me gusta hacer dos cosas: leer y después ver películas. O ver películas y luego leer. O leer mientras veo películas. El punto es que el cine me gusta mucho, al igual que la lectura. Ya he escrito de cine anteriormente en este blog y hoy quiero compartir con ustedes una reflexión que ha estado en mi cabeza después de haber visto una película en particular (esta entrada es un poco larga así que si quieren acompañarme en esta disertación filosófica, son más que bienvenidos)

Al mal tiempo, películas de terror.

Nunca he sido fan de las cintas de terror. Desde pequeña las he odiado. Tal vez sea característica mía ser miedosa pero ni modo, lo soy. Y bastante: soy incapaz de meterme a la sección de miedo del Museo de Cera o a una casa embrujada. Ver una película de terror para mi equivale a no dormir bien las siguientes dos o tres noches, a subirme corriendo las escaleras de mi casa con miedo de que algo me agarre el pie, a no mirar los espejos porque siento que una cosa espantosa se va a asomar. Tengo una imaginación bieeen grande y una cinta de terror me deja traumada (así sea la película más estúpida que me pongas. Hoy en día todavía me da miedo Chucky, háganme el favor)

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